El comercio de esclavos en Buenos Aires

Por Álvaro de Souza Gomes Neto (*)

Este artículo (**) es el resultado de una búsqueda realizada en el año 2001 en el Archivo General de La Nación (AGN), en Buenos Aires. Con financiamiento del CNPQ, fue posible investigar una documentación rica en información y detalles y, a partir de allí, avanzar en el universo de las acciones que involucraron al tráfico de esclavos africanos y la Real Compañía de Inglaterra, oficialmente nombrada para actuar en esa área.

Buscando comprender los trámites que implicaban la movilización de los traficantes para el traslado de esclavos desde Buenos Aires a Chile y Perú, procuramos reconstruir, aunque de forma parcial, ese universo complejo, que envolvía a tantos agentes sociales. Para éste artículo, además de documentos diversos, como registros de Navíos, fueron examinados los archivos referentes al Asiento de Ingleses, donde constan las correspondencias entre los responsables por el registro del tráfico (factoría), los intermediarios y los fiscales de la Contaduría Real con sede en Buenos Aires.

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  O comércio de escravos en Buenos Aires
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El tráfico de esclavos en Buenos Aires en los tiempos del virreinato.

(*) Doctor en Historia de las Sociedades Ibero-Americanas y Brasilera por la Pontificia Universidad Católica de RS, Brasil.

(**) Traducción de la introducción a partir del original: “Buenos Aires e o comércio de escravos: o translado a outras praças da América Espanhola”, de Álvaro de Souza Gomes Neto.

La Marca de la Esclavitud

Desde los tiempos coloniales americanos, el legado africano dejó marcas culturales ondas e ineludibles quizá como recompensa justa de la marca física que muchos hombres y mujeres llevaron de por vida.

esclavos.jpgEl siglo XVII y XVIII conoció el afluente de esclavos africanos a los principales puertos coloniales. Primero, como solución al problema demográfico indígena pues los europeos (y luego sus descendientes criollos y peninsulares) pretendieron que los aborígenes cambiaran sus hábitos de la comunidad indígena autosostenible a la estancias, haciendas o rancherías donde trabajaban para ampliar las arcas y los beneficios comerciales de sus explotadores, de sol a sol. Obviamente, la combinación de los malos tratos, enfermedades, problemas alimenticios, y la mala adaptación de la mano de obra a diferentes tipos climáticos y a los trabajos forzados, diezmaron a las comunidades indígenas que estuvieron casi a punto de desaparecer. Los terratenientes necesitaban una mano de obra de respaldo que tildaban de “más rentable y resistente”.

Segundo, con las Reformas Borbónicas, los mercados coloniales latinoamericanos tienen una apertura significativa al comercio exterior, y necesitan diversificar sus exportaciones, a la vez que “importan” ciertos objetos manufacturados y de lujo para sus “clientes más distinguidos”. Entre los objetos de lujo, estaban los esclavos africanos.

carimba.jpgLa trata negrera se convirtió en uno de los negocios coloniales más rentables de los opresores, y aún así, no dejaba de ofrecer pérdidas: debían alimentarlos, vestirlos, evitar las fugas, y los robos (de otros comerciantes). Para evitarlo, los patrones marcaban al rojo vivo a sus esclavos como si fueran animales. Eso se llamó la Yerra Humana o Carimba. Esas marcas eran de diferentes tamaños e inscripciones, e indicaban a quien pertenecía el cautivo, según el libro de actas o registros de las autoridades coloniales de cada región o jurisdicción. La carimba, sin dudas, fue la extensión de los conceptos de propiedad y posesión, muy comunes en la época.

Indiferentemente de que trabajaran en las plantaciones, las labores domésticas, o fueran liberados (manumisiones), debían llevar esa marca de por vida, como si fueran artículos seriados. Hubo que esperar mucho tiempo para que las sociedades americanas rompieran con sus esquemas denigrantes y discriminativos, debido a que se manejaban con rígidos sistemas de castas, que establecían pisos o escalones étnicos regulados por lazos de parentesco o relaciones socioeconómicas. Afortunadamente, ninguno de esos esquemas, ni posteriores formas discriminatorias pudieron parar el legado africano en el propio mundo cultural de aquellas sociedades que lo rechazaron.

Bibliografía de Consulta:
– ROCK, DAVID: Argentina 1516 – 1987. Desde la colonización española hasta Raúl Alfonsín, Alianza Editorial, 4ª edición, Buenos Aires, 1994. Cáp 2: El ascenso de Buenos Aires, 1680-1810. (pág. 77-80).

– BIBLIOTECA CLARÍN: Historia visual de la Argentina, Grupo Clarín, Buenos Aires, 1999. Cáp. 14: La sociedad en el virreinato. Los esclavos negros (pág. 204-205).

– LA ROSA CORZO, GABINO: La Carimba, Revista Cubana de Ciencias Sociales, Nº 33-34, 2003.
<http://www.filosofia.cu/ifc/rccs/nos_33-34/33-34_Carimba…>

– MORINI, ROBERTO: Africanos en Buenos Aires: los otros desaparecidos, El Corresponsal de Medio Oriente y África, 01-01-2001.
<http://www.elcorresponsal.com/modules.php?name=ElCorre…>

La transición de la esclavitud al feudalismo

por Carlos Marandet y Mario Molina.
I.S.F.D. y T. Nº 42 “Leopoldo Marechal” – Profesorado de Historia.
2do año Ciencias Sociales.
Bellavista, Buenos Aires, Argentina.

Realizado el 24/05/05 para el instituto.

¿Cómo y por qué terminó la esclavitud antigua? Es la pregunta que Marc Bloch plantea como eje para explicar la interpretación que se le da al concepto de libertad y esclavitud, tanto en la Edad Antigua, como en la Edad Media. Como las relaciones que permiten responder esa pregunta son complejas, divide la cuestión en cuatro breves capítulos. En los cuales es frecuente ver: el uso de vocablos lingüísticos de diferentes lugares (para llegar a comprender el concepto de esclavo y de siervo, respectivamente), la cita a documentos de época (como el Domesday Book inglés) y el análisis de exhaustivas variables, de las cuales se tomarán las más importantes.

En el primer capítulo, se habla propiamente del esclavo de los tiempos romanos y las invasiones germánicas. De todas las variables que desarrolla, se rescatará el de la fuerza de producción: un esclavo, era un objeto de lujo, documentos de la época romana aludían a él dentro de una trilogía comercial: oro, telas y esclavos; eran los tres principales objetos preciosos que un comerciante intercambiaba. Pero la mayoría de los esclavos se usaron para el servicio personal, ya que ofrecían un bajo rendimiento de capital- trabajo, el cual era encomendado a terrazgueros, mejor preparados. Además, había que mantenerlos, y esto elevaba grandemente los costes. La crisis de la administración pública tras las invasiones, favoreció la aparición de nuevas relaciones de dependencia, base del sistema feudal.

Ya en el segundo capítulo, el autor, bajo la variable de la religión; explica como esta legitimó el sistema de dependencia entre los hombres. La postura de la Iglesia durante el imperio, y luego en la Temprana y Alta Edad Media, siempre resultó ambigua: por un lado ante Dios, todos los hombres (a pesar de sus relaciones de dependencia) eran iguales; pero por otro (y para legitimar los “bienes” de amos y reyes, y de la propia Iglesia), el hombre recibía la esclavitud por estar ligado al pecado original (en resumen, el pensamiento de San Agustín, y el de los concilios de época). De todas formas, la Iglesia si bien no condenó la esclavitud, favoreció las manumisiones.

En el tercer capítulo, se trabaja de manera exhaustiva los vocablos lingüísticos y documentos (entre ellos, las cartas de administración pública de los siglos XI XII) derivados de la palabra “Servus” (el que sirve). Este siervo, será el nuevo actor de las relaciones de dependencia de la Edad Media, pero el esclavo no va a desaparecer. Más bien, recurre a establecer comparaciones en cuanto a las semejanzas sociales, y a las diferencias jurídicas de ambos conceptos. Para las primeras, vale destacar que ambos estaban sujetos a la discriminación social: no podían participar de los tribunales, ni ser aceptados en la órdenes eclesiásticas, y el solo nombrarlos era índice de injuria hacia ellos. Para las segundas, el siervo era diferente al esclavo: ante la ley, era un liberto u hombre libre obediente a un señor, y esto lo habilitaba para tener tenencia de tierras e incluso podía intercambiarlas, venderlas y hasta heredarlas. Las corveas eran elevadas, pero las tierras eran de igual precio y calidad que un colono libre. Su mano de obra estaba reglamentada por tiempo y normas.

Por último, en el capítulo cuarto, se ve como las nuevas relaciones de dependencia tuvieron interpretaciones diferentes según el lugar. Por ejemplo, para los francos y normandos, la esclavitud era muy poca, ya que se prefería el uso de siervos, base del sistema señorial. Las instituciones germanas, sin embargo, se mostraron más ortodoxas al concepto de esclavo del antiguo imperio; y tenían un floreciente comercio en Praga. En los siglos XI y XII, el concepto de esclavo toma un giro espontáneo mediante un tinte racial y religioso. La primera variable, porque la nueva fuente de esclavos fueron los pueblos de extranjeros no cristianos o paganos, más allá de Alemania Oriental (como los eslavos). La segunda, porque la Iglesia establecía que podían ser esclavos todos aquellos ajenos a los preceptos cristianos: infieles, paganos, herejes y apóstatas (indiferentemente si se era cristiano o no) De esto último, sobra el ejemplo de los esclavos de cruzados en Siria, y del intercambio humano indiscriminado durante la España Musulmana, que funcionaba a partir de esclavos.

Finalmente, concluye que la Edad Media nunca destruyó, ni suprimió las desigualdades de hecho o nacimiento; simplemente mediante la ley, les otorgó una faceta más humana. Es más, el autor se juega a pensar que en Europa, el poco uso de esclavos impidió la renovación de sangre, la cual derivó a un profundo hermetismo hasta nuestros días. Pero eso es otra hipótesis.

Obra Original:
Bloch, Marc: La transición del esclavismo al feudalismo, Akal Editor, Madrid, 1981.

  Transición del esclavismo al feudalismo
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Resumen en base a una obra de Marc Bloch.