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La transición de la esclavitud al feudalismo

por Carlos Marandet y Mario Molina.
I.S.F.D. y T. Nº 42 “Leopoldo Marechal” – Profesorado de Historia.
2do año Ciencias Sociales.
Bellavista, Buenos Aires, Argentina.

Realizado el 24/05/05 para el instituto.

¿Cómo y por qué terminó la esclavitud antigua? Es la pregunta que Marc Bloch plantea como eje para explicar la interpretación que se le da al concepto de libertad y esclavitud, tanto en la Edad Antigua, como en la Edad Media. Como las relaciones que permiten responder esa pregunta son complejas, divide la cuestión en cuatro breves capítulos. En los cuales es frecuente ver: el uso de vocablos lingüísticos de diferentes lugares (para llegar a comprender el concepto de esclavo y de siervo, respectivamente), la cita a documentos de época (como el Domesday Book inglés) y el análisis de exhaustivas variables, de las cuales se tomarán las más importantes.

En el primer capítulo, se habla propiamente del esclavo de los tiempos romanos y las invasiones germánicas. De todas las variables que desarrolla, se rescatará el de la fuerza de producción: un esclavo, era un objeto de lujo, documentos de la época romana aludían a él dentro de una trilogía comercial: oro, telas y esclavos; eran los tres principales objetos preciosos que un comerciante intercambiaba. Pero la mayoría de los esclavos se usaron para el servicio personal, ya que ofrecían un bajo rendimiento de capital- trabajo, el cual era encomendado a terrazgueros, mejor preparados. Además, había que mantenerlos, y esto elevaba grandemente los costes. La crisis de la administración pública tras las invasiones, favoreció la aparición de nuevas relaciones de dependencia, base del sistema feudal.

Ya en el segundo capítulo, el autor, bajo la variable de la religión; explica como esta legitimó el sistema de dependencia entre los hombres. La postura de la Iglesia durante el imperio, y luego en la Temprana y Alta Edad Media, siempre resultó ambigua: por un lado ante Dios, todos los hombres (a pesar de sus relaciones de dependencia) eran iguales; pero por otro (y para legitimar los “bienes” de amos y reyes, y de la propia Iglesia), el hombre recibía la esclavitud por estar ligado al pecado original (en resumen, el pensamiento de San Agustín, y el de los concilios de época). De todas formas, la Iglesia si bien no condenó la esclavitud, favoreció las manumisiones.

En el tercer capítulo, se trabaja de manera exhaustiva los vocablos lingüísticos y documentos (entre ellos, las cartas de administración pública de los siglos XI XII) derivados de la palabra “Servus” (el que sirve). Este siervo, será el nuevo actor de las relaciones de dependencia de la Edad Media, pero el esclavo no va a desaparecer. Más bien, recurre a establecer comparaciones en cuanto a las semejanzas sociales, y a las diferencias jurídicas de ambos conceptos. Para las primeras, vale destacar que ambos estaban sujetos a la discriminación social: no podían participar de los tribunales, ni ser aceptados en la órdenes eclesiásticas, y el solo nombrarlos era índice de injuria hacia ellos. Para las segundas, el siervo era diferente al esclavo: ante la ley, era un liberto u hombre libre obediente a un señor, y esto lo habilitaba para tener tenencia de tierras e incluso podía intercambiarlas, venderlas y hasta heredarlas. Las corveas eran elevadas, pero las tierras eran de igual precio y calidad que un colono libre. Su mano de obra estaba reglamentada por tiempo y normas.

Por último, en el capítulo cuarto, se ve como las nuevas relaciones de dependencia tuvieron interpretaciones diferentes según el lugar. Por ejemplo, para los francos y normandos, la esclavitud era muy poca, ya que se prefería el uso de siervos, base del sistema señorial. Las instituciones germanas, sin embargo, se mostraron más ortodoxas al concepto de esclavo del antiguo imperio; y tenían un floreciente comercio en Praga. En los siglos XI y XII, el concepto de esclavo toma un giro espontáneo mediante un tinte racial y religioso. La primera variable, porque la nueva fuente de esclavos fueron los pueblos de extranjeros no cristianos o paganos, más allá de Alemania Oriental (como los eslavos). La segunda, porque la Iglesia establecía que podían ser esclavos todos aquellos ajenos a los preceptos cristianos: infieles, paganos, herejes y apóstatas (indiferentemente si se era cristiano o no) De esto último, sobra el ejemplo de los esclavos de cruzados en Siria, y del intercambio humano indiscriminado durante la España Musulmana, que funcionaba a partir de esclavos.

Finalmente, concluye que la Edad Media nunca destruyó, ni suprimió las desigualdades de hecho o nacimiento; simplemente mediante la ley, les otorgó una faceta más humana. Es más, el autor se juega a pensar que en Europa, el poco uso de esclavos impidió la renovación de sangre, la cual derivó a un profundo hermetismo hasta nuestros días. Pero eso es otra hipótesis.

Obra Original:
Bloch, Marc: La transición del esclavismo al feudalismo, Akal Editor, Madrid, 1981.

[PDF] Transición del esclavismo al feudalismo
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Resumen en base a una obra de Marc Bloch.

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Los Hebreos

enviado por Mario Molina.
Grand Bourg, Buenos Aires, Argentina.

hebreos.jpg Los hebreos eran semitas, originarios de Caldea (en Mesopotamia). Sus tribus vivieron durante largo tiempo bajo la dirección de patriarcas, y bajo un estilo de vida nómade, emigraban cuando se agotaban los pastos para sus ganados. Así fueron a parar a Egipto, donde los faraones los esclavizaron y sometieron a trabajos forzados. Al cabo de un cierto tiempo lograron escapar en masa formando una caravana, que erró por los desiertos de Sinaí hasta llegar a Canaán, donde se establecieron para siempre.

Obra original:

MALET, ALBERTO: El Oriente. Librería Hachette, Segunda Edición, 1990. Cáp. V-VI.

[PDF] Los hebreos
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Resumen sobre la Historia antigua y tradiciones de ésta cultura.

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El papel del Santo en la fe popular

Desde la baja Edad Media hasta hoy en día, ¿Habrá cambiado algo?

por Mario Molina.
Grand Bourg, Buenos Aires, Argentina.

San Cayetano, San Expedito, San Pantaleón, San Antonio, San Francisco… ¿No te resultan conocidos? Sin lugar a dudas, la devoción popular los transformó en personajes cotidianos, apareciendo su imagen con frecuencia en la sociedad.

¿Pero por qué sucede esto? La devoción popular los transformó en la solución que necesitaban para curar enfermedades, conseguir trabajo, dinero, recuperar amores perdidos… etc.
Ahora pensemos, ¿Será esto un fenómeno reciente? ¿O es producto de un proceso histórico que aún continúa? La respuesta es sencilla. Los santos surgen en el siglo XIII como amigos del Pueblo, porque constituían un apoyo muy preciado en tiempos de peste y hambrunas. Eran personajes que en vida los aclamaban, y en la muerte los veneraban y representaban de manera llamativa mediante imágenes, esculturas, grabados, y otros tipos de representaciones gráficas.

Ahora bien, ¿No te parece conocida actualmente esta historia? Basta con observar un 7 de agosto, un 8 de diciembre, donde miles de peregrinos católicos acuden a rendir homenaje a sus santos preferidos. Generalmente, lo hacen para agradecer porque el santo cumplió con sus pedidos, o para realizar nuevas intenciones. Incluso, muchos hoy en día no podemos evitar el hacer alguna reverencia frente alguna imagen sagrada, y yo también me incluyo.

Siguiendo nuestro razonamiento histórico, la Iglesia mantuvo desde siempre una postura permisiva y avaló la figura del santo, con el objeto de perpetuar su dominio sobre las masas populares. Pero cuando el problema excedió sus capacidades, ya era tarde: la gente veneraba a los santos a la manera de Grecia, es decir; había uno para cada cosa, y podía ser dador del bien como del mal. Dios había pasado a segundo plano, frente a sus intercesores. Tanto, que ni siquiera la Contrarreforma de la misma Iglesia Católica pudo borrar del todo la imagen del santo en la fe popular.

Esta es una herencia cultural, que reside en la humanidad católica desde la Edad Media hasta nuestros días.

Cómo citar este artículo:
MOLINA, MARIO: El papel del Santo en la fe popular, en Hablemos de Historia, 2 de marzo de 2006.[http://hablemosdehistoria.com/archivos/el-papel-del-santo]

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