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El poder de la televisión

Bueno, amigos, una breve reflexión acerca de la televisión. El objetivo no es otro que el de compartir ideas u opiniones sobre este poderoso aparato. De antemano, aprovecho de invitar a todos los que visitan el sitio a que aporten, todos tenemos algo que decir. No solamente bajen los trabajos ni resúmenes. Esto va dirigido sobre todo a los estudiantes de secundaria; ustedes son constructores, también, al igual que nosotros, aunque sólo se les reconozca en calidad de consumidores (para los bancos u otro tipo de publicidad).

La televisión es el medio de comunicación de masas que alcanza una mayor difusión, y llega a un mayor número de personas; su poder es difícil de valorar pero, sin lugar a dudas, es enorme. Prácticamente todos los hogares tienen uno o dos aparatos de televisión, y son muy pocas las personas que no le dedican un tiempo diario, que en algunos casos llega a ser de varias horas, los programas emitidos, además, no sólo lo ve una gran audiencia, sino que luego se comentan entre los telespectadores. Nuestra cultura está ampliamente influida por este aparato.

La Televisión acarrea ventajas y desventajas, como casi todo, pero que pueden ser controladas y elegidas por el individuo y que dependen de la forma de ver la «tele», del tiempo que le dedica y de la selección que se hace de los programas. Es y debe ser ante todo un medio de esparcimiento, diversión y entretenimiento, uno se sienta delante de ella para pasar un rato agardable y distendido. Cumple una labor informativa a través de los programas estrictamente informativos o noticiarios, y con los programas culturales aporta distintos conocimientos tanto formativos como informativos.

Pero se trata de un medio unidireccional que envía constantemente mensajes al sujeto sin que exista la posibilidad de replicar o contestar a las preguntas que ésta se pueda hacer. Tiene una enorme capacidad para transmitir ideas e inducir ciertas formas de comportamiento que, a mayor o menor plazo, acaban siendo captadas por el público. Cualquier cosa, a base de repetirse y según el enfoque que se le dé, acaba considerándose como normal. La televisión, pues, condiciona la forma de pensar, transmite ideas que poco a poco acaban siendo apropiadas por los telespectadores (sobre todo los sectores de la derecha, propietaria de la mayoría de los medios de comunicación). Esto es una de las bases de la publicidad, y qué duda cabe, la mejor publicidad que hay, la más efectiva es la que se transmite por la televisión. Pero, por ahora, lo dejamos hasta aquí…

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Desde disfraces políticos, a creación de identidades: Las historias de Pedro Urdemales y su importancia en la construcción de la Nación.

Los mitos y cuentos populares forman parte integra del subconsciente colectivo, como un claro ejemplo que la producción cultural no es solo las clases altas y academias, los mitos populares son sin duda alguna, obras narrativas creadas y re-creadas en la oralidad popular, una diversa gama de relatos ficticios con distintas características y por ende, distintas funciones.

El mito de Pedro Urdemales, retrata las aventuras de un peón gañan; astuto, escurridizo, un tipo sin hogar, audaz caminante en busca de trabajos esporádicos, un tipo que engañaba a la gente acaudalada, pero que nunca se rebeló contra el patrón, sin embargo ofrecía una resistencia diaria a los avatares de vivir en el fondo de la pirámide social, según estas características, podríamos entender a este personaje como un héroe popular, un pícaro que podía ganar mucho pero nunca tenia nada.

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Ensayo sobre mitos fundacionales de la "nación" chilena.

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La caída del Irminsul, parte II

Escultura de Witikind en HerfordComo se dijo en el artículo anterior, la caída del Irminsul fue un golpe bajo para la mayoría de los sajones. Ni bien Carlomagno hubiera desocupado la región, rumbo a una campaña en contra de los lombardos que acechaban Roma; no se hicieron esperar los primeros brotes de descontento en forma de saqueos a través de la región del Hesse.

Desde luego el rey franco tomó represalias, y mandó algunas tropas contra los rebeldes. Sin embargo, no fue hasta 775 cuando él mismo se hizo cargo de la campaña: estableció una serie de pactos con sus «pares» los nobles sajones, permitiéndoles la paz si aceptaban la fe cristiana, por lo menos a través del bautismo. Para tener más beneficios a su favor, Carlomagno acostumbraba llevarse a su reino algunos príncipes o nobles del pueblo a conquistar, pero en calidad de prisioneros, con la finalidad de «acelerar» algunas decisiones. También introdujo varias camadas de misioneros para inculcar la nueva Fe y levantar iglesias. Pero el golpe maestro lo dio en Paderborn en 777, donde con la excusa de formar la primera asamblea de nobles sajones, obtuvo el bautismo de muchos de sus miembros y supuestamente de la población en general.

Como era de esperarse, no todos los nobles aceptaron en la práctica cotidiana al cristianismo, ni tampoco lo hizo la gente humilde. Así comenzaron nuevas sublevaciones, pero esta vez apoyada por algunos sectores de la nobleza que no simpatizaban con Carlomagno, ni con la nueva religión. Entre éste grupo se encontraba Witikind (o Widukind, varía según las traducciones) un duque sajón que impulsó un movimiento de odio y repudio contra las nuevas creencias, llegando a organizar incursiones violentas contra iglesias y comunidades misioneras. El apoyo de los sajones a esta figura fue tan grande, que la sublevación llegó hasta Frisia (región vinculada a lo que son hoy los Países Bajos). Si los sajones luchaban con los frisios o los convencían, peligraba el proyecto imperial de los francos. Luego de una desgastante lucha entre fuerzas sajonas y francas (con muchas bajas en ambos bandos) Witikind no podía continuar con la rebelión. Se dice que Carlomagno logró una conversión general de él y sus súbditos al cristianismo, y por un tiempo se calmó la situación en Sajonia.

Pero la introducción del diezmo en la región, logró reavivar las llamas de la rebelión, sobre todo en los comunes, a los cuales se les hacía muy difícil contribuir con este nuevo impuesto, porque si no pagaban, las autoridades francas (eclesiales y militares) mandaban a confiscar lo poco que tenían. De esta manera poco importaban los esfuerzos de algunos misioneros en contagiar la nueva fe por las buenas, ya que sus propios superiores o los nobles francos hacían estragos con los saqueos o las penas de muerte contra los no conversos. Fue así que surgió una gran sublevación al norte de la región, que se mantuvo desde 793 a 804 aproximadamente.

Carlomagno provocó entonces una gran diáspora del pueblo sajón, dispersando familias por distintas regiones del futuro Imperio, y reemplazándolas por familias francas. Solo con esta medida extrema logró el rey franco sofocar las rebeliones, puesto que los nobles podían comprarse fácilmente (y de hecho fueron grandes aliados de los sucesores de Carlomagno), pero no la gente común, que a pesar de las imposiciones seguían manteniendo viva sus antiguas creencias y tradiciones.

Bibliografía y Recursos:

– Grimberg, Carl: Historia Universal, Sociedad Comercial e Editorial Santiago Ltda., Santiago de Chile, 1995. Tomo 15: “Carlomagno”.
– Wefing, Heinrich. Widukind-Denkmal in Herford. [Fotografía] 2007. Wikimedia Commons. Visto el 9/01/2008
<http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Widukind-Herfod.jpg>