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Categoría: Resúmenes

La Temprana Edad Media

La Temprana Edad Media

Ignacio Crifasi, compañero del Instituto 42 y estudiante del profesorado de Historia donde estudio; me acaba de pasar un resumen que hizo sobre la Temprana Edad Media, un apartado del libro «La Edad Media» de José Luis Romero, un clásico para adentrarse en el apasionante medioevo, un período de la historia gestor de muchas de las costumbres y saberes culturales de las sociedades contemporáneas.

Romero hace una periodización sencilla pero efectiva en: temprana, alta y baja edad media, con la finalidad de facilitarle las cosas al lector y que éste puede apreciar los cambios que se van notando de una etapa a otra. Así en la temprana edad media podemos encontrar estos temas:

– La crisis del Bajo Imperio romano y la transición al medioevo.
– La formación de los reinos romano-germánicos.
– El Imperio bizantino.
– El mundo musulmán: desde Mahoma hasta la dinastía Oméyade.
– Carlomagno: dinastía carolingia, gestión imperial y sus problemas.

  La Temprana Edad Media
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Resumen de una parte del libro la Edad Media de José Luis Romero.

Sobre el molde cultural latinoamericano (una breve reflexión)

Sobre el molde cultural latinoamericano (una breve reflexión)

Gracias al artículo del papel del Santo en la fe popular y otros textos, he reflexionado acerca del molde cultural latinoamericano que, desde los tiempos de la colonia, se compone de los siguientes ingredientes básico distintos uno del otro pero que se complementan entre sí:

a) Religiosidad escatológica y religiosidad vertical: Latinoamérica heredó de España una religiosidad pasiva, orientada hacia el más allá y muy alejada de la realidad terrenal.

b) El idealismo español cuya expresión es el «caballero» que desdeña el trabajo manual y el comercio.

c) El desdén por lo útil, práctico y material.

d) La actitud fatalista y la inercia y pasividad que le son inherentes, fruto de su falsa interpretación teológica de la religión y acentuada por influencias islámicas. Uno de los factores más importantes en la cultura latinoamericana es la adaptación, la pasividad frente a lo existente. En la cultura de las naciones de industrialización avanzada es la actividad, la transformación, como factor importante. Recordemos las tesis de Max Weber que la influencia del protestantismo fuera factor causante, aunque no determinante, del desarrollo de los países protestantes. La Iglesia católica en cambio no contribuyó para democratizar la sociedad y lograr la igualdad económica. Los protestantes al ayudar a demoler las estructuras jerárquicas, colocaron los cimientos necesarios sobre los cuales la democracia pudo establecerse, progresar y elaborar la cultura de masas.

La «Historia desde abajo» para Eric Hobsbawm

La «Historia desde abajo» para Eric Hobsbawm

Este es un breve resumen sobre la «historia desde abajo», que aparece en el libro «Sobre la Historia» (2002), del historiador británico Eric Hobsbawm. El resumen, que verán a continuación, no tiene otra intención de compartir con los bloggeros «historiantes», la particular visión de este historiador, que vale la pena leerlo. Saludos para todos, desde Santiago de Chile.

A modo de introducción señalaremos que los nuevos referentes problemáticos son constantemente convertidos en objetos de reflexión histórica, y esto no es simplemente resultado de la forma en que los historiadores “se dan cuenta” de aquellos problemas que siempre estuvieron ahí, esperando ser estudiado, sino que éstas son el correlato de distintos tipos de transformaciones sociales.

El reciente interés por hacer historia de distintos grupos particulares, no puede ser entendida sin repasar en la serie de procesos que han hecho posible y aún más deseable el que las distintas agrupaciones sociales expresen y configuren su historia como fuente de información y proveedora de datos que en el pasado ignora que ella no se ocupa de su estudio y la representación de algo que de pronto “aparece”, sino que un claro poder de objetivización frente a determinados ámbitos temáticos.

El conocimiento histórico no es entonces un simple vehículo para representar “el pasado”, sino que resulta constitutivo de esa idea de pasado. Al respecto, resulta pertinente resaltar dos dinámicas: en primer lugar, la emergencia de nuevas problemáticas en la producción historiográfica; y en segundo lugar, la apelación en ciertos procesos políticos.

Sobre lo primero, puede recogerse la discusión que Eric Hobsbawm realiza en el capítulo sobre la historia desde abajo. El autor recuerda que sólo se puede hacer historia desde abajo, desde el momento en que empieza a preocuparnos lo que la “gente corriente” hace frente a ciertas decisiones o determinados acontecimientos. En palabras de Hobsbawm: “(…) sólo a partir del momento en que la gente corriente se convierte en un factor constante en la toma de grandes decisiones y en tales acontecimientos. No sólo en momentos de excepcional movilización popular como, por ejemplo, las revoluciones, sino en todo momento o durante la mayor parte del tiempo. (p. 206)”.  La historia de la gente corriente como capo de estudio especializado empieza con la historia de los movimientos de masas del siglo XVIII. Hobsbawm supone que es el historiador Jules Michelet es el primero de los grandes historiadores de los que abajo: la Gran Revolución francesa es el núcleo de su obra.

En cuanto al tema de las fuentes, la historia de los de abajo, a diferencia de la historia positivista, no posee un conjunto de material relativo a ella. “La mayoría de las fuentes correspondientes a la historia de los de abajo sólo han sido reconocidas como tales fuentes porque alguien ha hecho una pregunta y luego se ha puesto a buscar desesperadamente la manera de responder a ella (p.208).” Pero también existen excepciones como los historiadores que estudian la Revolución Francesa. Plantea Hobsbawm que tienen muchas fuentes en la que constituye la génesis de una historia moderna de las bases debido a dos características principales: por tratarse de una gran revolución en la que actuaron numerosas personas y la segunda, por el trabajo de la burocracia que recopiló y guardó en los archivos nacionales toda esa información, lo cual fue beneficioso para los historiadores franceses.

Siguiendo con la idea de Hobsbawm, afirma que hay algunos tipos de material relativo a la gente corriente todavía no ha sido un estímulo suficiente para pensar en la correspondiente metodología. Aquí sale a la palestra la historia oral que si bien los recuerdos pueden parecer los bastante interesantes, en palabras del historiador inglés nunca se hará un uso apropiado de la historia oral hasta que se determine qué es lo que puede fallar en el recuerdo, del mismo modo que se determina cuando algo sale mal al momento de copiar manuscritos a mano. Con esto, Eric Hobsbawm nos plantea es que la historia oral es un medio poco fiable  de preservar los hechos. Más, afirma: “la metodología de la historia oral no es sólo importante para comprobar si los recuerdos de ancianas y ancianos grabadas en cintas son dignas de confianza (p.210).” Recomienda que con los testimonios de lo grabado en cinta se hagan experimentos para investigar lo que la gente realmente pensaba o hacía.

El historiador “de abajo” encuentra sólo lo que busca y no lo que le está esperando. En este sentido, el historiador debe saber qué es lo que busca y sólo si sabe, puede reconocer si lo que encuentra encaja con su hipótesis o no; y si no encaja tiene que pensar en otro modelo que se construye sobre la base del saber, la experiencia lo que permite eliminar hipótesis inútiles. Se necesita también imaginación y saber sobre el pasado con el fin de evitar el anacronismo. Todo esto para construir y reconstruir un sistema coherente en el que pueda inferirse los supuestos y parámetros sociales y las tareas de la situación.

Para Hobsbawm el objetivo de la historia “desde abajo” no es sólo descubrir el pasado sino explicarlo y proporcionar un vínculo con el presente ya que el proceso de comprenderlo tiene mucho en común con el proceso de comprender el pasado, aparte de que comprender cómo el pasado se ha convertido en el presente nos ayuda a comprender éste, y es de suponer que algo del futuro. Buena parte del comportamiento de gente de todas las clases sociales de hoy es, de hecho, tan desconocido y poco documentado como gran parte de la vida de la gente corriente del pasado.

Los historiadores de “los de abajo” dedican gran parte de su tiempo a averiguar cómo funcionan las sociedades y cuándo no funcionan, además de cómo cambian. No pueden dejar de hacerlo, toda vez que su tema, la gente corriente, constituye el grueso de toda sociedad, aunque a veces se tienda a olvidar de que éstos constituyen  un factor importante en la toma de decisiones recientemente, lo cual se convierten en la base de las reivindicaciones de diversos grupos sociales que se traduce en demandas de representación histórica.

   

La idea de sociología en Comte.

La idea de sociología en Comte.

La denominada “ciencia de la sociedad” aparece bajo el alero de Aguste Comte el cual entre otras cosas intenta validar esta disciplina como una ciencia positiva, en una época en que el positivismo estaba en pleno auge, donde la misión primordial de las ciencias era distanciar el conocimiento de las verdades inapelables planteadas por la fe religiosa y de las incongruentes especulaciones de la metafísica, por tanto la sociología se erige a imagen de las ciencias naturales y matemáticas las cuales presentaban una rigurosidad metodologica atractiva para quien quería construir conocimiento objetivo.

Comte defendía la idea de reconocer las leyes naturales que poseían el carácter de inalterables, pero lo que le importaba a su sociología era: la “exactitud rigurosa de la comprobación y no una verdad absoluta o sociedad justa”[1].

Lo propuesto por Comte era entre otras cosas levantar una disciplina que se adhiriera a los cánones de la ciencia, que se preocupara de configurar una comprobación metodologica aceptable por la comunidad científica, a esto se debió una sobre valoración del método comparativo que culmino plasmando los dictámenes de la naturaleza sobre el comportamiento social; lo cual se traduce en una ciencia social que olvido por completo desde un principio que en el “mundo social” existían ideas y voluntades, por tanto remitir el comportamiento humano a leyes estrictas era suprimir la humanidad del sujeto social (entendiendo que el cambio de comportamiento y opciones es algo natural del ser humano, lo que muestra a vista de todos que la teoría no siempre se refleja la practica).

El incondicional apego de la sociología a la naturalidad de las ciencias, influyo en que Comte también se avocara a delimitar el objeto de estudio de la sociología; estudiar los comportamientos del hombre en sociedad, pero en ningún caso indagar en proponer una sociedad mejor a través de los resultados del estudio social, ya que “no existe influencia perturbadora que pueda en el mundo político y real, alterar de alguna manera las verdaderas leyes naturales del desarrollo de la humanidad”[2].

Entonces la sociología según Comte era una sociología natural o física social, que se ahogaría en lo negativo de una ciencia positiva; remitir el avance de una ciencia en datos incuestionables y leyes irrevocables -como señala Adorno- era sin duda alguna volver irracional una ciencia social, generando esa extraña relación positivista con todo lo que existe: o es bueno o es malo, es causa o consecuencia; al fin y al cabo bajo esta perspectiva positivista todo se transformaría en un registro de meros datos.

A simple vista la sociología había despertado con el pie izquierdo, de cierta manera lo que se plantea es que es reconocible en primera instancia el aporte de la sociología positivista la cual logra derribar las verdades eclesiásticas y metafísicas pero paradójicamente las suplantó por otra verdad inconmovible: una verdad natural que apuntaba a comprender y aceptar .

Vale decir que sin estas ideas sobre la sociología, la critica no hubiera aparecido en escena y es que ante un saber aberrante y doctrinario, era lógico que apareciera la critica la cual indagaría en la valides de estas leyes, transgrediéndolas, destruyéndolas; decontruyendolas (como decía Derrida), preguntándoles que tan legitimas eran; en otra palabras sin la critica, la sociología y toda ciencia social tendría un dejo de irracionalidad -como señala Adorno- ya que se propugnaba suplantar una verdad por otra, negando la dialéctica como forma de generar conocimiento.

Por ultimo y ante esto, me surge la interrogante ¿Qué tan científico es el positivismo o una “ciencia positiva”?, si al parecer aquella ciencia que se remite a lo “verdadero” deja de ser ciencia al momento de aceptar una verdad convertida en ley de la cual nada ni nadie se puede abstraer, acaso ¿fueron la duda, la razón y la critica en si, enemigos de la ciencia?, ¿es ciencia aceptar lo que se dice sin engendrar cuestionamientos?, frente a esto ya no se que tan científico resulta ser el trabajo científico, por que para algunos es ciencia aceptar, mientras que para otros ciencia es comprender y comprender implica mucho mas que aceptar, porque antes de comprender o aprehender se debe criticar; ya que lo que no dijo Comte fue que al dato algo había que hacerle preguntas, en otras palabras incluirlo a una problematica, solo así el científico dejaría de ver y reproducir hechos, para comenzar a entender y analizar los procesos que hacen de la vida del hombre algo tan complejo que necesitaría de una ciencia que los comprendiera, entendiera y posteriormente los explicara, en pos de un conocimiento dinámico que no se ahogaría en la irracionalidad de los métodos y que engendrarían un cúmulo de estudios posteriores encargados de configurar un proceso dialéctico del conocimiento, pues lo que se dice hoy, mañana puede ser fácilmente refutado . iniciarcorreo.es/

[1] Aguste Comte citado en “La idea de sociología”; Theodor Adorno, Max Horkheimer, 1966, Pág. 13.

[2] Ibíd.

Entre banderas blancas y anarquismos.

Entre banderas blancas y anarquismos.

Antes que nada, vale destacar que el siguiente articulo es el resultado de una investigación, en la cual se trabajo con fuentes del archivo regional de Tarapaca mas la bibliografia complementaria correctamente citada.

Sin duda alguna, el movimiento anarquista tuvo una fuerte insidencia en los sucesos politcos y sociales de principios de siglo.

Vale señalar que mientras el país se sostenía del «oro blanco», los obreros que hacian posible la explotacion de este, aprendian poco a poco a traves de la experiencia, nuevas formas de organización para así poder exigir mejoras en su calidad de vida y seguridad laboral, ante esto el Estado responde de manera violenta,como podemos observar en la masacre de obreros en la escuela «Santa Maria» en diciembre de1907, disipando lo que se había logrado construir desde finales del siglo XIX en donde se daría comienzo el proceso de politizacion del proletariado chileno.

Ver:

  Entre banderas blancas y anarquismos
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Influencia del anarquismo en los comienzos de la organización del proletariado chileno.