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Reflexiones de Oscar Oszlak sobre la formación del Estado argentino

Durante los ’80, en la época en que la Argentina estaba pasando una dura transición del terrorismo de Estado a la vuelta de la democracia, surgió entre los canales del ámbito académico un ensayo titulado “Reflexiones sobre la formación del Estado y la construcción de la sociedad argentina” (*), por Oscar Oszlak. En aquel texto, su autor se despegaba del tradicional concepto liberal del Estado: Un «ente» político-jurídico que oficia como árbitro entre los intereses de los individuos o ciudadanos que componen la sociedad, asegurando el ejercicio de sus derechos, obligaciones y garantías que figuran en la Constitución Nacional.

Para Oszlak, el Estado tiene otro significado: se trata de una instancia máxima de poder político que garantiza el predominio de una clase dominante. Por lo tanto el Estado no siempre garantiza la protección de los intereses de todos. La formación de ese control (que se materializa en la burocracia gubernamental y sus instituciones) no viene de la noche a la mañana, sino que se desarrolla durante un proceso histórico. Para sustentar su hipótesis, el autor analiza el proceso de formación del Estado argentino desde la independencia hasta la gestión de Mitre, donde aparecen las condiciones visibles para darnos cuenta de la presencia de una instancia de dominación estatal.

A continuación pongo a tu disposición un resumen descargable donde se remarcan los principales puntos que aparecen en el ensayo:

  • Estatidad
  • Nación y Estado
  • Orden y progreso
  • Dominium
  • Penetración estatal
  • Resistencias
  • Estados y clases

[PDF] Concepto de Estado según Oszlack
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Un concepto de Estado teniendo en cuenta la cuestión del poder.

(*) Ozslak, Oscar; “Reflexiones sobre la formación del Estado y la construcción de la sociedad argentina”, en Desarrollo Económico, Revista de Ciencias Sociales, Nº 84, Vol. 21, IDES, Bs. As., Ene – Mar, 1982, Pg 531 a 548.

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Actualidad, divisiones y juicios históricos.

Hablar de la dictadura militar en chile, ya no parece ser tan peligroso, aunque como sabemos, en el ámbito laboral principalmente del profesorado, hablar de “dictadura”, divisiones de clase o simplemente mencionar la palabra “asesino”, es una razón suficiente de despido sea por políticas del establecimiento o por alardes de los padres que reaccionan espantados ante semejantes palabras; para ellos vale más un profesor que no diga nada, antes de que sus hijos tengan un profesor que hable mucho.

Esta situación, hasta el dia de hoy no sorprende a nadie, por la sencilla razón que nos hemos acostumbrados, es más, hemos crecido en un país divido en dos (unos que SI y otros que NO); como señalan los historiadores en su “tercer manifiesto[1]”, en un país en que los “perdedores” (victimas), lamentablemente debían trabajar bajo los dictámenes de los “ganadores”[2] (beneficiados), por lo tanto las voces que arremetían contra ese endiosado militar llamado Augusto Pinochet, fueron delimitadas, controladas y posteriormente calladas.

Todo esto nos lleva plantear algunas interrogantes; como futuros historiadores ¿Qué debemos hacer respecto a esto?, ¿continuar callados para que esta situación continúe de la misma manera o arriesgarnos a ser estigmatizados como tantos otros y tirar por la borda años de claustro en las aulas universitarias?; todo indica que una mantener postura “razonable” ante los ojos de los demas, es simplemente intentar demostrarse “a-político”, discurso que paradójicamente fue articulado por los sectores de derecha (no para esconder la asquerosidad de los actos que ellos apoyaron, si no que para socavar la memoria colectiva).

Para graficar y ejemplificar lo que se dijo anteriormente, se me ocurre un ejemplo bastante lejano a Nelly Richard, pero bastante cercano a nuestra realidad; hace poco tiempo atrás, frente a un profesor nuevo -para nosotros- surgió este tema obviamente sujeto a discusión en la clase, pero extrañamente aquel docente esgrimió la necesidad actual de apostar por una historia objetiva y despolitizada, discurso creíble para muchos, pero este discurso se quiebra por el solo hecho de entender que este tipo de educadores egresan de cierto tipo de universidades que se dedican especialmente a reproducir en sus profesionales esta mentalidad atareada con un oblicuo y utópico sueño de objetividad que fue configurado bajo un ideal político bastante claro: la derecha.

Acaso esconder y disminuir la intensidad de este proceso dictatorial ¿es ser objetivos?, tratar esta temática ¿es solo asunto de marxistas leninistas?; frente a esto no debemos olvidar que el proceso dictatorial sigue cobrando victimas; en las poblaciones se nos hizo relativamente cotidiano ver “zombies” adormecidos por la pasta base -droga que paradójicamente se incluyó en los años 80 pero alcanzó su boom en los 90[3]– droga potencialmente adictiva por ende peligrosa, pero que logró despolitizar los barrios chilenos, algo que difícilmente se logró a balazos; se puede apreciar una situación muy similar en los años 60 en Estados Unidos en donde frente la aparición de guerrillas urbanas (como los black panters) en los barrios marginales, se utilizo el “crack” como avasallante estrategia desidealizadora.

Vale destacar que tal cual como concluye la autora, esta división es palpable en todo el contingente nacional, desde las noticias hasta la educación, desde lo publico a lo privado, desde los condominios a los barrios; la estrategia fue simple: aplacar aún más la herida ya que para los que perdieron no existe peor tortura que el olvido, para los que ganaron era el olvido el que les aseguraría mantener una producción tranquila, estable e incesante en sus fabricas.

Hemos intentado retratar la complejidad que gira en torno al tema de la dictadura, obviamente reconocemos al igual que la autora que hoy existe una necesidad de ampliar los estudios de esta área, no para volver a usar la camiseta del che Guevara, escuchar discos de Víctor Jara y colgar el cuadro de Salvador Allende en la pared, sino que bajo la lógica del “caceroleo” podemos rescatar la enseñanza de que sin meter bulla esta situación difícilmente cambiará y la única forma en que los historiadores y cientistas sociales pueden hacer ruido es simplemente investigando; por ende esos discursos de algunos académicos que señalan que otros viven amarrados al 73, debido a su intención, son discursos vacios por lo tanto fácilmente desechados.

Se debe hacer valer también el hecho de que hoy exista un sector de historiadores sociales que se dispuso a poner en el tapete el juicio de la historia[4] frente a estos sucesos, lo cual me parece relevante frente a tanto discurso vacío que atenta incluso contra la propia historia, porque despolitizar la historia es sin duda alguna deshistorizarla ya que en estricto rigor es robarle la complejidad a un proceso histórico, para continuar aquella subordinación político-mediática que asegura y reafirma los parámetros divisorios e incluso ha logrado naturalizarla.

Aunque por otra parte debemos considerar el hecho de que al existir estos vencidos y ganadores, el juicio histórico se mantendrá así; dividido, independiente si el personaje insigne de la dictadura se mantenga vivo o muerto, ya que como se señala anteriormente, han logrado hacer que veamos natural esta división.


*Ensayo inspirado en: Richard, Nelly; “Historia, memoria y actualidad: reescrituras”, revista critica cultural.

[1] La dictadura militar y el juicio de la historia; tercer manifiesto de historiadores, 2007.

[2] Acerca de esto se puede encontrar una reflexión bastante interesante en el texto de Alfredo Jocelyn Holt: “El chile perplejo”(1998).

[3] Informe nacional; Procedimientos por infracción a la Ley 20.000 año 2006, Ministerio del interior, división de seguridad publica, Gobierno de Chile (2007).

[4] Debo reconocer que el hecho de ver la firma de dos profesores que actualmente me hacen clases, en el manifiesto de historiadores anteriormente citado, logró hacerme sentir que los primeros pasos ya están dados y depende solamente de nosotros continuarlos.

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La Temprana Edad Media

Ignacio Crifasi, compañero del Instituto 42 y estudiante del profesorado de Historia donde estudio; me acaba de pasar un resumen que hizo sobre la Temprana Edad Media, un apartado del libro «La Edad Media» de José Luis Romero, un clásico para adentrarse en el apasionante medioevo, un período de la historia gestor de muchas de las costumbres y saberes culturales de las sociedades contemporáneas.

Romero hace una periodización sencilla pero efectiva en: temprana, alta y baja edad media, con la finalidad de facilitarle las cosas al lector y que éste puede apreciar los cambios que se van notando de una etapa a otra. Así en la temprana edad media podemos encontrar estos temas:

– La crisis del Bajo Imperio romano y la transición al medioevo.
– La formación de los reinos romano-germánicos.
– El Imperio bizantino.
– El mundo musulmán: desde Mahoma hasta la dinastía Oméyade.
– Carlomagno: dinastía carolingia, gestión imperial y sus problemas.

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Resumen de una parte del libro la Edad Media de José Luis Romero.