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La larga espera

Por Carlos Marandet.
Reseña de Mario Molina.

¡Lo prometido es deuda! A continuación les presento un resumen de “La larga espera” el capítulo tercero que le sucede al ya comentado “la crisis de la independencia”, ambos integrantes de “Historia contemporánea de América Latina”, del historiador argentino Tulio Halperín Dongui. El resumen que acompaña la reseña fue hecho por mi amigo y compañero de estudios Carlos Marandet. Un fragmento de su trabajo:

El capítulo cuenta que en 1825 terminaba la guerra de independencia, la cual dejaba en toda América española un legado nada liviano: Ruptura de las estructuras coloniales.

De sus ruinas se esperaba que surgiera un nuevo orden, cuyos rasgos esenciales habian sido previstos desde el comienzo de la lucha por la independencia. Pero éste se demoraba en nacer. La primera explicación, buscaba en la herencia de la guerra la causa de esa desconcertante demora: concluida la lucha, no desaparecía la gravitación del poder militar. La guerra de independencia no había provocado una ruptura suficientemente honda con el antiguo orden.

Sin embargo, los cambios ocurridos son impresionantes, no hay sector de la vida hispanoamericana que no haya sido tocado por la revolución. La más visible de las novedades es la violencia. Al lado de la violencia plebeya surge un nuevo estilo de acción de la elite criolla que en quince años de guerra saca de sí todo un cuerpo de oficiales: éstos obligados a menudo a vivir y hacer vivir a sus soldados del país – realista o patriota – que ocupan, terminan poseídos de un espíritu de cuerpo rápidamente consolidado y son a la vez un íncubo y un instrumento de poder para el sector que ha desencadenado la revolución y entiende seguir gobernándola.

Las aspiraciones políticas de Gran Bretaña en Latinoamérica se hacen notar, y están definidas por el tipo de interés económico que la vincula con estas tierras. Su política es sólo muy ocasionalmente, una extrema cautela. Esta cautela explica la preferencia inglesa por el mantenimiento de la fragmentación política heredada de la revolución, que suele atribuirse al deseo de debilitar a los nuevos estados.

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Otro resumen de capítulo basado en una obra de Tulio Halperín Dongui.

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La crisis de la independencia

En esta oportunidad les presento un resumen de «La crisis de la Independencia» uno de los capítulos más atrapantes del libro «Historia contemporánea de América Latina», del historiador argentino Tulio Halperín Dongui.

En él se cuenta, desde distintas posturas (plano político, económico, administrativo, e ideológico), como el aparato colonial de metrópolis como España y Portugal cedió a la búsqueda de un nuevo orden. Las colonias latinoamericanas querían tomar sus propias decisiones tanto económicas, políticas y sociales. Evidentemente, las guerras, las conspiraciones ideológicas, y los intereses de otras metrópolis por el dominio de América, constituyeron una sólida excusa para producir levantamientos localizados en casi toda la Región. Primero fueron movimientos sediciosos, descontentos con la administración colonial. Y luego, se constituyeron en insurrecciones mejor organizadas, que aprendieron de las anteriores.

Comúnmente, se define tales movimientos como revolucionarios, pero en realidad significaron el cambio de mando por oligarquías criollas (salvo el caso de México, que es complejo), y de carácter municipal. En el capítulo siguiente «La larga espera» Halperín nos cuenta cómo se contagió la idea de «revolución» a fuerza de armas y pactos. En otra oportunidad publicaré un resumen.

Halperín acostumbra comentar la situación de las regiones más representativas de América Latina de aquellos tiempos. Para este resumen añado un resumen de exposición sobre el caso de México.

Bibliografía Original:

HALPERÍN DONGUI, TULIO: La crisis de la independencia, en Historia Contemporánea de América Latina, Primera Parte: Del orden colonial al neocolonial. capítulo 2, Alianza, Buenos Aires, 1998.

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Reseña de un capítulo de una obra de Tulio Halperín Dongui.

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La transición de la esclavitud al feudalismo

por Carlos Marandet y Mario Molina.
I.S.F.D. y T. Nº 42 “Leopoldo Marechal” – Profesorado de Historia.
2do año Ciencias Sociales.
Bellavista, Buenos Aires, Argentina.

Realizado el 24/05/05 para el instituto.

¿Cómo y por qué terminó la esclavitud antigua? Es la pregunta que Marc Bloch plantea como eje para explicar la interpretación que se le da al concepto de libertad y esclavitud, tanto en la Edad Antigua, como en la Edad Media. Como las relaciones que permiten responder esa pregunta son complejas, divide la cuestión en cuatro breves capítulos. En los cuales es frecuente ver: el uso de vocablos lingüísticos de diferentes lugares (para llegar a comprender el concepto de esclavo y de siervo, respectivamente), la cita a documentos de época (como el Domesday Book inglés) y el análisis de exhaustivas variables, de las cuales se tomarán las más importantes.

En el primer capítulo, se habla propiamente del esclavo de los tiempos romanos y las invasiones germánicas. De todas las variables que desarrolla, se rescatará el de la fuerza de producción: un esclavo, era un objeto de lujo, documentos de la época romana aludían a él dentro de una trilogía comercial: oro, telas y esclavos; eran los tres principales objetos preciosos que un comerciante intercambiaba. Pero la mayoría de los esclavos se usaron para el servicio personal, ya que ofrecían un bajo rendimiento de capital- trabajo, el cual era encomendado a terrazgueros, mejor preparados. Además, había que mantenerlos, y esto elevaba grandemente los costes. La crisis de la administración pública tras las invasiones, favoreció la aparición de nuevas relaciones de dependencia, base del sistema feudal.

Ya en el segundo capítulo, el autor, bajo la variable de la religión; explica como esta legitimó el sistema de dependencia entre los hombres. La postura de la Iglesia durante el imperio, y luego en la Temprana y Alta Edad Media, siempre resultó ambigua: por un lado ante Dios, todos los hombres (a pesar de sus relaciones de dependencia) eran iguales; pero por otro (y para legitimar los “bienes” de amos y reyes, y de la propia Iglesia), el hombre recibía la esclavitud por estar ligado al pecado original (en resumen, el pensamiento de San Agustín, y el de los concilios de época). De todas formas, la Iglesia si bien no condenó la esclavitud, favoreció las manumisiones.

En el tercer capítulo, se trabaja de manera exhaustiva los vocablos lingüísticos y documentos (entre ellos, las cartas de administración pública de los siglos XI XII) derivados de la palabra “Servus” (el que sirve). Este siervo, será el nuevo actor de las relaciones de dependencia de la Edad Media, pero el esclavo no va a desaparecer. Más bien, recurre a establecer comparaciones en cuanto a las semejanzas sociales, y a las diferencias jurídicas de ambos conceptos. Para las primeras, vale destacar que ambos estaban sujetos a la discriminación social: no podían participar de los tribunales, ni ser aceptados en la órdenes eclesiásticas, y el solo nombrarlos era índice de injuria hacia ellos. Para las segundas, el siervo era diferente al esclavo: ante la ley, era un liberto u hombre libre obediente a un señor, y esto lo habilitaba para tener tenencia de tierras e incluso podía intercambiarlas, venderlas y hasta heredarlas. Las corveas eran elevadas, pero las tierras eran de igual precio y calidad que un colono libre. Su mano de obra estaba reglamentada por tiempo y normas.

Por último, en el capítulo cuarto, se ve como las nuevas relaciones de dependencia tuvieron interpretaciones diferentes según el lugar. Por ejemplo, para los francos y normandos, la esclavitud era muy poca, ya que se prefería el uso de siervos, base del sistema señorial. Las instituciones germanas, sin embargo, se mostraron más ortodoxas al concepto de esclavo del antiguo imperio; y tenían un floreciente comercio en Praga. En los siglos XI y XII, el concepto de esclavo toma un giro espontáneo mediante un tinte racial y religioso. La primera variable, porque la nueva fuente de esclavos fueron los pueblos de extranjeros no cristianos o paganos, más allá de Alemania Oriental (como los eslavos). La segunda, porque la Iglesia establecía que podían ser esclavos todos aquellos ajenos a los preceptos cristianos: infieles, paganos, herejes y apóstatas (indiferentemente si se era cristiano o no) De esto último, sobra el ejemplo de los esclavos de cruzados en Siria, y del intercambio humano indiscriminado durante la España Musulmana, que funcionaba a partir de esclavos.

Finalmente, concluye que la Edad Media nunca destruyó, ni suprimió las desigualdades de hecho o nacimiento; simplemente mediante la ley, les otorgó una faceta más humana. Es más, el autor se juega a pensar que en Europa, el poco uso de esclavos impidió la renovación de sangre, la cual derivó a un profundo hermetismo hasta nuestros días. Pero eso es otra hipótesis.

Obra Original:
Bloch, Marc: La transición del esclavismo al feudalismo, Akal Editor, Madrid, 1981.

[PDF] Transición del esclavismo al feudalismo
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Resumen en base a una obra de Marc Bloch.