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Solidaridad en la web tras el sismo reciente en Perú y algo de Historia

Hoy consulto mi casilla de correo electrónico, y me encuentro con un mensaje de Rubén Kotler del portal informativo De igual a Igual, informándome sobre diversas alternativas de ayuda solidaria ante la terrible situación que está viviendo Perú, sobre todo en la región sur, que es la más afectada hasta ahora. Reproduzco una parte de la info. Todo el que pueda colaborar bienvenido sea:

Ante la terrible situación por la que atraviesa Perú El Ministerio de Salud de ese país ha activado la línea telefónica gratuita 0-800-10828 para que las personas puedan conocer la relación de heridos y de transferidos a los hospitales de Lima, tras el terremoto de 7,9 grados en la escala de Richter, que azotó la noche del miércoles, principalmente, las localidades de Pisco y Chincha, en Ica. Desde el exterior, se puede llamar al (511) 315-6600, anexo 2788. Infosalud está centralizando las listas de heridos que les remiten constantemente los diversos hospitales de la red nacional, sobre todo los del departamento de Ica, con la ayuda de la Oficina de Defensa Nacional del Ministerio de Salud Mediante la línea gratuita, que atiende las 24 horas del día, también se brinda orientación en salud integral, donación de sangre, alimentos, prendas y otros productos que necesitan los damnificados por el terremoto. Además, un grupo de psicólogos ofrece soporte emocional a través de ese número telefónico a los familiares de los fallecidos y afectados con el sismo.
Para solidarizarse con los afectados Clickear Aquí.

Por otro lado, y recordando algo de Historia, Arturo Gómez nos comenta (además de cómo ha vivido la situación) un trabajo de Ray Contreras sobre la influencia de los movimientos telúricos sobre la religiosidad popular. Sin duda, un tema imperdible que trasciende el período de la tesis de Contreras (el período colonial), ya que varias culturas a través de la Historia tienen una abundante producción mitológica y religiosa acerca de los terremotos: malos augurios, ciclos de vida y muerte, manifestaciones divinas, etc.

Es impresionante ver cómo ante situaciones extremas se activa el motor de la religiosidad popular, sin distinguir diferencias sociales de ningún tipo. Un ejemplo claro lo ilustran los primeros informes sobre el terremoto (visto en BaluArt.net):

[youtube 0QlQdGq4y68 Terremoto en Peru]

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Una vida sin esperanzas ultraterrenas

Pareciera que el vivir el día a día, el minuto a minuto, segundo a segundo sin pensar en una vida después de la muerte sea un producto del hombre moderno; que no confía en avatares ni en dioses.

Sin embargo, esa creencia está lejos de ser una novedad: Primero porque las posturas ateas y agnósticas ya se practicaban en la antigüedad, y segundo porque existieron culturas que vivían el «día a día». Una de ellas fueron los antiguos sumerios (3000 aC), que practicaban una vida sin esperanzas ultraterrenas, pero con una particularidad: aún sin esperanzas, creían en los dioses.

¿Cómo se explica esa aparente contradicción? Bueno, los sumerios creían que sus dioses estaban presentes en las fuerzas de la naturaleza desde los inicios del Mundo Conocido. De los dioses primigenios hermafroditas que provenían de la Nada: un gran abismo sin forma, el mundo no conocido (estos dioses representaban la dualidad Bien-Mal, Masculino-Femenino) surgieron los dioses para el plano terrenal que fue dividido en 3 grandes regiones: el Cielo (del señor Anu), La Tierra (gorbernada por Enlil) y el Mar (de Ea). El inframundo era un plano reservado para la «no existencia» y el sufrimiento. Ea había creado a los hombres a partir del barro, y uno de los primeros fue Adapa. Progresivamente, el primer humano fue aprendiendo las enseñanzas de Ea, necesarias para vivir en el mundo, sin embargo, Adapa no gozaba de la vida eterna porque no era un dios.

Tras una furiosa tempestad, Adapa se había sujetado de las alas de un demonio y se las arrancó. Anu no vió esas acciones con buenos ojos y mandó a llamarlo. Ea pensó que querían matarlo, por lo cual prohibió a su hijo comer o beber cualquier cosa que le invitaran. Sospresivamente, Anu quería darle una oportunidad al humano y le ofreció el pan y el elixir de la Vida Eterna, pero éste obedeció el consejo de su padre. Anu, encolarizado, ordenó a sus espíritus sirvientes que se apoderaran de él y lo devolvieran a la tierra. De esa manera surgió el Pecado Original, imborrable, porque a partir de allí los hombres vivieron con una marca divina que les hacía recordar por siempre lo que pudieran haber sido: el alma. Al morir, el alma no ascendía al plano celestial, puesto que corrompida, debía ir al Inframundo.

Los hombres a apartir de allí, solo podían recibir el favor de los dioses para asuntos cotidianos de su vida mortal, por lo cual la riqueza, la salud, la gloria y la fama se convieron en las ideas principales de trascendencia (ser más de lo que se es). Sin embargo, no podían dejar de recordar lo que habían perdido:


Fuente: «La Historia empieza en Súmer», de Samuel Kramer.

Enlil, señor de la Tierra dictó los oficios posibles por los cuales el hombre podía «trascender». El oficio más admirado por todos era el de escriba, porque lo que estuviera escrito y registrado tenía una validez enorme para cualquiera. La escritura, representaba la PALABRA hecha acción. Nadie podía ir en contra de lo que estuviera escrito. Así comenzaron a formarse distintos códices del cual el código del rey Hammurabi se considera el más antiguo, aunque sin embargo, no lo es.

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La locura de las brujas

bruja.jpgEn el artículo anterior habíamos hablado del año 1000 y su relación con el concepto de herejía, que no implicaba necesariamente algo en contra de la Iglesia Católica, sino un movimiento intelectual nacido de ella para mejorarla. Sin duda, para los grupos de poder de la época, la idea de cuestionar los dogmas de la Iglesia significó también el cuestionamiento de la sociedad feudal toda, razón por la cual en vez de comprender a los renovadores, se dedicaron a perseguirlos (1).

Creada la Santa Inquisición, esta se dedicó a perseguir a los disidentes y a través de diversos medios, hacerlos renunciar a sus creencias y devolverlos a la «FE ÚNICA». Los principales objetivos eran los grupos mesiánicos, aquellos que cuestionaban fuertemente los dogmas y predicaban públicamente el regreso a la espiritualidad, el alejamiento de las prácticas icónicas, pero lo más importante era «volver a la vigilancia porque se acercaba el final de los tiempos». Así como diversos grupos creyeron que el mundo saltaría en esquirlas para el año 2000, la gente creía en esa época que el año 1000 era la fecha de las fechas. Muchas personas dejaron sus pertenencias materiales, y se dedicaron al ayuno o la vida recluida en monasterios. Algunos de esos grupos mesiánicos eran pacíficos, pero los aguerridos (como los taboritas, los flagelantes, y otras alas disidentes de la misma Iglesia), predicaban la llegada de la «Edad del Espíritu» donde solo los piadosos podían entrar, mientras que los malvados debían ser eliminados. Estaban cansados de la corrupción social y sobre todo la eclesial, así que para preparar el escenario del regreso de Jesús en 1260, no tuvieron problemas en hacerles la guerra a los impíos.

¿Pero en qué momento se llegó a pensar que las mujeres podían ser sospechosas de brujería y qué tiene que ver con lo anterior? Bueno, recordemos que aquellas sociedades eran machistas y que en el imaginario popular la figura de la mujer desde el Génesis no fue vista como positiva. La mujer era sinónimo de pecado, de lujuria y placer. Cuando los agentes de la Iglesia no encontraban en un pueblo al líder mesiánico disidente, se las arreglaban para culpar a mujeres inocentes de incursionar en hechicería. Luego, se dedicaban a extraer confesiones por medio de diferentes mecanismos de tortura, y finalmente la pena máxima: la hoguera. Morir quemado vivo no era una aberración tal como la vemos ahora. En la época creían que el fuego purgaba los pecados porque era lo más parecido al concepto de luz que significaba Dios («Lumen Gloria»).

Muchas «brujas» confesaban sus actividades en reuniones secretas llamadas «aquelarres», donde se reunían con otras colegas a adorar a l ángel caído, es decir, al Diablo. Acudían allí volando a veces en escobas, y otras simplemente transportándose. Allí cometían orgías, asistían a la «Misa Negra», y aprendían los secretos de la oscuridad. Algunos historiadores creen que en la época existían mujeres que practicaban antiguas creencias anteriores a la Fe católica, como rituales egipcios, griegos o celtas, y que la gente supersticiosa asociaba esas prácticas con actividades diabólicas y maléficas. Otros piensan que la razón de estas fantasías se encuentran en los mecanismos de tortura de la Iglesia, que hacían «confesar» cosas hasta el más valiente, incluso, estos viajes a los aquelarres.

A mí me resultó interesante el trabajo de Marvin Harris (2), donde comenta en gran parte como funcionaban los mecanismos de tortura. Adelanto una parte del resumen de Renato Mansur:

La dificultad con las «confesiones» estriba en que se obtenían habitualmente mediante tortura. Esta se aplicaba rutinariamente hasta que la bruja confesaba haber hecho un pacto con el diablo y volado hasta un aquelarre. Continuaba hasta que la bruja revelaba el nombre de las demás personas presentes en el aquelarre. Si una bruja intentaba retractarse de una confesión, se la torturaba, incluso con más intensidad, hasta que confirmaba la confesión original. Esto dejaba a una persona acusada de brujería ante la elección de morir de una vez por todas en la hoguera o volver repetidas veces a la cámara de tortura. La mayor parte de la gente optaba por la hoguera. Como recompensa por su actitud de cooperación, las brujas arrepentidas podían esperar ser estranguladas antes de que se encendiera el fuego.

El autor también comenta que era común en la época el uso de remedios extraídos de plantas y hierbas de la naturaleza. Muchas de esas infusiones y ungüentos tenían propiedades alucinógenas. Estas drogas, combinadas con la locura de las brujas, hacían que algunas mujeres «se creyeran» los viajes al aquelarre, que en conjunto con las prácticas inquisidoras se volvían realidad, cuando en realidad eran fantasías. También el autor recalca que además de «purgar» pecados, los agentes de la Iglesia hacían negocio confiscando los bienes de las «brujas» así como los de su familia.

Todos estos elementos continuaron en la mentalidad colectiva y configuraron a la bruja típica de los siglos XVI a XVIII: la vieja con verrugas, poderes ocultos, escobas y en compañía de un gato negro o un cuervo. Para más información recomiendo visitar esta página.

Y recomiendo la descarga de este excelente resumen de Renato Mansur:

[PDF] La locura de las brujas
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Resumen sobre la problemátima de la brujería y la herejía en la Edad Media.

Bibliografía consultada:

(1) Duby, Georges: El año mil, Cladema, 1988.
(2) Harris, Marvin: Vacas, cerdos, guerras y brujas, Alianza, Buenos Aires 1991.