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El Cabildo de Concepción y la destitución del Gobernador Antonio de Acuña y Cabrera en 1655

Por Gonzalo Verbal Stockmeyer

El historiador Jaime Eyzaguirre (1908-1968) recalcó, en muchas de sus obras, que la teoría política de la época indiana se sustentaba en dos principios íntimamente unidos. El primero, basado en la tradición española, consideraba que el Estado estaba conformado por dos elementos: la Corona y el pueblo o comunidad. El segundo, sostenido por eminentes teólogos (Francisco Suárez, Juan de Mariana, entre otros), “afirmaba que el poder emanaba de Dios y descendía informe a la comunidad la cual se encargaba de concretarlo en el titular”[1].

Es esencial tomar en cuenta estos dos principios si se desean comprender muchas de las actuaciones o decisiones del Cabildo en el Reino de Chile y en las Indias en general. Esta institución, en efecto, se sentía legítima representante de la comunidad y, en la práctica, operaba como expresión del pueblo o “república” ante las autoridades subordinadas de la Corona (gobernador, Real Audiencia y demás).

En cuanto al segundo principio, hay que decir que el Cabildo fue protagónico, aunque no de manera habitual, en la determinación de las autoridades políticas. Un caso paradigmático es el nombramiento en 1541 de don Pedro de Valdivia (1497-1553) como Gobernador interino de Chile. Un segundo ejemplo, que es el que ahora analizamos, sucedió en 1655 cuando el Cabildo de Concepción destituyó por mal gobierno al Gobernador Antonio de Acuña y Cabrera (1634-1662).

El objeto del presente ensayo es describir y analizar el segundo de los acontecimientos arriba mencionados. La idea es tratar dicho evento histórico como una manifestación palpable de la acción política del pueblo y del Cabildo como órgano representativo de aquel.

Además de la bibliografía secundaria, en parte enunciada en el apartado siguiente, hemos acudido, en calidad de fuente primaria, a la crónica de Jerónimo de Quiroga, conocida como “compendio histórico”[2]. Además, aunque no se trate de una fuente directa, nos hemos apoyado en la obra de Vicente Carvallo y Goyeneche denominada “Descripción histórico-geográfica del reino de Chile”[3].


[1] Eyzaguirre, Jaime, Historia de las instituciones políticas y sociales, Editorial Universitaria, Santiago, Chile, 1991, pp. 23 y 24.
[2] De Quiroga, Jerónimo, “Compendio histórico de los más principales sucesos de la Conquista y Guerra del Reino de Chile hasta el año 1659”, Colección de historiadores de Chile y documentos relativos a la historia nacional, Tomo XI, Imprenta de la Librería del Mercurio, Santiago, 1878.
[3] Carvallo y Goyeneche, Vicente, “Descripción histórico-geográfica del reino de Chile”, Colección de historiadores de Chile y documentos relativos a la historia nacional, Tomo VIII, Imprenta del Ferrocarril, Santiago, 1861.Si quieres descargar el documento completo en formato word, pincha AQUÍ.

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La Inquisición como órgano de represión de la Iglesia Católica

Este es un ensayo realizado en el 2005, en el cual esboza el origen de la Inquisición de detener el avance de la herejía. Aunque, eso era en «lo formal», ya que la Iglesia tampoco quería que se le discutiese, ni menos poner en peligro su poderío.

[PDF] La Inquisición como órgano de represión de la Iglesia
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Ensayo crítico del papel de ésta controvertida organización dentro del seno de la Iglesia Católica.

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La locura de las brujas

bruja.jpgEn el artículo anterior habíamos hablado del año 1000 y su relación con el concepto de herejía, que no implicaba necesariamente algo en contra de la Iglesia Católica, sino un movimiento intelectual nacido de ella para mejorarla. Sin duda, para los grupos de poder de la época, la idea de cuestionar los dogmas de la Iglesia significó también el cuestionamiento de la sociedad feudal toda, razón por la cual en vez de comprender a los renovadores, se dedicaron a perseguirlos (1).

Creada la Santa Inquisición, esta se dedicó a perseguir a los disidentes y a través de diversos medios, hacerlos renunciar a sus creencias y devolverlos a la «FE ÚNICA». Los principales objetivos eran los grupos mesiánicos, aquellos que cuestionaban fuertemente los dogmas y predicaban públicamente el regreso a la espiritualidad, el alejamiento de las prácticas icónicas, pero lo más importante era «volver a la vigilancia porque se acercaba el final de los tiempos». Así como diversos grupos creyeron que el mundo saltaría en esquirlas para el año 2000, la gente creía en esa época que el año 1000 era la fecha de las fechas. Muchas personas dejaron sus pertenencias materiales, y se dedicaron al ayuno o la vida recluida en monasterios. Algunos de esos grupos mesiánicos eran pacíficos, pero los aguerridos (como los taboritas, los flagelantes, y otras alas disidentes de la misma Iglesia), predicaban la llegada de la «Edad del Espíritu» donde solo los piadosos podían entrar, mientras que los malvados debían ser eliminados. Estaban cansados de la corrupción social y sobre todo la eclesial, así que para preparar el escenario del regreso de Jesús en 1260, no tuvieron problemas en hacerles la guerra a los impíos.

¿Pero en qué momento se llegó a pensar que las mujeres podían ser sospechosas de brujería y qué tiene que ver con lo anterior? Bueno, recordemos que aquellas sociedades eran machistas y que en el imaginario popular la figura de la mujer desde el Génesis no fue vista como positiva. La mujer era sinónimo de pecado, de lujuria y placer. Cuando los agentes de la Iglesia no encontraban en un pueblo al líder mesiánico disidente, se las arreglaban para culpar a mujeres inocentes de incursionar en hechicería. Luego, se dedicaban a extraer confesiones por medio de diferentes mecanismos de tortura, y finalmente la pena máxima: la hoguera. Morir quemado vivo no era una aberración tal como la vemos ahora. En la época creían que el fuego purgaba los pecados porque era lo más parecido al concepto de luz que significaba Dios («Lumen Gloria»).

Muchas «brujas» confesaban sus actividades en reuniones secretas llamadas «aquelarres», donde se reunían con otras colegas a adorar a l ángel caído, es decir, al Diablo. Acudían allí volando a veces en escobas, y otras simplemente transportándose. Allí cometían orgías, asistían a la «Misa Negra», y aprendían los secretos de la oscuridad. Algunos historiadores creen que en la época existían mujeres que practicaban antiguas creencias anteriores a la Fe católica, como rituales egipcios, griegos o celtas, y que la gente supersticiosa asociaba esas prácticas con actividades diabólicas y maléficas. Otros piensan que la razón de estas fantasías se encuentran en los mecanismos de tortura de la Iglesia, que hacían «confesar» cosas hasta el más valiente, incluso, estos viajes a los aquelarres.

A mí me resultó interesante el trabajo de Marvin Harris (2), donde comenta en gran parte como funcionaban los mecanismos de tortura. Adelanto una parte del resumen de Renato Mansur:

La dificultad con las «confesiones» estriba en que se obtenían habitualmente mediante tortura. Esta se aplicaba rutinariamente hasta que la bruja confesaba haber hecho un pacto con el diablo y volado hasta un aquelarre. Continuaba hasta que la bruja revelaba el nombre de las demás personas presentes en el aquelarre. Si una bruja intentaba retractarse de una confesión, se la torturaba, incluso con más intensidad, hasta que confirmaba la confesión original. Esto dejaba a una persona acusada de brujería ante la elección de morir de una vez por todas en la hoguera o volver repetidas veces a la cámara de tortura. La mayor parte de la gente optaba por la hoguera. Como recompensa por su actitud de cooperación, las brujas arrepentidas podían esperar ser estranguladas antes de que se encendiera el fuego.

El autor también comenta que era común en la época el uso de remedios extraídos de plantas y hierbas de la naturaleza. Muchas de esas infusiones y ungüentos tenían propiedades alucinógenas. Estas drogas, combinadas con la locura de las brujas, hacían que algunas mujeres «se creyeran» los viajes al aquelarre, que en conjunto con las prácticas inquisidoras se volvían realidad, cuando en realidad eran fantasías. También el autor recalca que además de «purgar» pecados, los agentes de la Iglesia hacían negocio confiscando los bienes de las «brujas» así como los de su familia.

Todos estos elementos continuaron en la mentalidad colectiva y configuraron a la bruja típica de los siglos XVI a XVIII: la vieja con verrugas, poderes ocultos, escobas y en compañía de un gato negro o un cuervo. Para más información recomiendo visitar esta página.

Y recomiendo la descarga de este excelente resumen de Renato Mansur:

[PDF] La locura de las brujas
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Resumen sobre la problemátima de la brujería y la herejía en la Edad Media.

Bibliografía consultada:

(1) Duby, Georges: El año mil, Cladema, 1988.
(2) Harris, Marvin: Vacas, cerdos, guerras y brujas, Alianza, Buenos Aires 1991.