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La crisis de fines del siglo XIX: las incapacidades de la clase dirigente en Chile

El gran problema que ha tenido nuestro país, a lo largo de su historia republicana, es que ésta se ha formado negando, precisamente, el propio país. La consolidación del Estado-nación chileno no logró convertirse en un Estado nacional, principalmente, porque “los chilenos”, de esos años, fueron principalmente las clases oligárquicas. Para Alfredo Jocelyn-Holt, el problema de esta elite es que ésta podía reconocerse como más plural, pero el problema es que aún no aparecía una sociedad plural y moderna, es decir no aparecía una sociedad más amplia con nuevos sectores demandando lo que a juicio de ellos les correspondía.

El deseo de llegar a un desarrollo económico y social, similar a los países europeos, resultó ser mucho más esquivo, gracias a la incapacidad de la elite de no aceptar los nuevos desafíos, ante la explosión productiva y comercial, del que se requería, a su vez, un cambio en las estructuras sociales.

Por tanto, en esta suerte de aparentar lo que “no se es”, la elite protagonista del proyecto republicano, construyó el Estado-nación chileno, bajo cimientos muy frágiles que llevó a que, en distintos períodos de la vida republicana (incluso hoy), aparecieran proyectos con fecha “de inicio y término”, resultantes de la visión parcelada y a “corto plazo” de la clase dirigente criolla.

[PDF] Crisis de la elite chilena S. XIX
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Ensayo sobre las dificultades de la clase dirigente decimonómica chilena para imponer su proyecto.

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12 de octubre: Nada que festejar

A continuación reproduzco una nota del diario «Miradas al Sur» para reflexionar sobre el 12 de octubre. Debería ser el día de la Resistencia de los Pueblos Originarios, y no el «Día de la Raza». Siempre hay algunos ridículos que mencionan que sólo descendemos de los gringos. En realidad, somos mosaicos de culturas, de las cuales las de los pueblos originarios son importantísimas y punto de partida de nuestra Historia latinoamericana. Tal como se afirma en la nota: ayer hubiese sido 7 del agua del Tonalpohualli:

Hoy es 7 del agua del Tonalpohualli

Cuando Cristóbal Colón llegó a América, hacía tan sólo 38 años que los aztecas habían reformado su calendario, que era de 365 días, para intercalar el año bisiesto. A su vez, este calendario fue tomado de los mayas. Los aztecas lo reformaron justo antes de la llegada de Hernán Cortés. El año empezaba el día 1 de Atlacalmaco, que coincide con el 1º de marzo del calendario gregoriano.
El hecho de que las culturas americanas no hubiesen desarrollado la escritura, no representó ningún impedimento para el desarrollo de un calendario perfecto, con parecidos notables a los calendarios de pueblos mediterráneos y asiáticos. Según los mitos aztecas fue el dios Quetzalcoatl el que enseñó al hombre el calendario, al mismo tiempo que la agricultura, las técnicas y las ciencias.

Leer los calendarios es como leer en clave sus libros sagrados, sus credos y sus fiestas. Cuando los españoles llegaron a América algunas de las culturas con las que entraron en contacto estaban en su máximo apogeo: centroamérica parecía, al igual que Egipto y Mesopotamia, la encrucijada de las grandes culturas del continente, el crisol en que éstas se fundían, conservándose lo mejor de cada una de ellas. La codicia imperial truncó una historia potencial. Nuestras propias limitaciones, como culturas colonizadas, nos llevan, a diario, a no reconocer raíces e identidades que están en la piel, la alimentación y los sentimientos de millones de americanos. Por eso, hoy podemos decir que, en vez de 12 de octubre, es 7 del Agua del Tonalpohualli, tal como lo establece el calendario azteca.

Lean el resto de la nota aquí. Los pueblos no festejan, reclaman.

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El violento proceso de construcción del Estado-Nación en Chile

Luego de la Revolución de Independencia, se inició el proyecto republicano chileno dirigido principalmente por la elite compuesta por empresarios mineros, agricultores y comerciantes, quienes consideraron importante crear el Estado para darle forma al proyecto país y para resolver dos cuestiones principales. A saber: 1) articular la economía nacional a las economías más desarrolladas de Europa; y 2) establecer mecanismos de control para la población, acorde a ese proyecto.

Sin embargo, el trabajo fue arduo ya que se tuvo que fijar un territorio, población, cuerpo legal, formar el aparato burocrático-militar y, sobre todo adaptar los comportamientos y valores de la población a los principios de su proyecto. Lo anterior supuso no sólo formar el Estado, propiamente tal, sino la Nación (política) y, para ello se requirió un fuerte trabajo desde la perspectiva simbólica, ritual e identitaria, lo que permitió compatibilizar los elementos objetivos (vividos) con los subjetivos (imaginados) de modo de crear una conciencia nacional sólida.

En este sentido, la construcción que hizo la elite del Estado y la Nación política chilena fue, de alguna manera, un rasgo de violencia porque desde esa misma estructura política y económica en formación, no sólo excluyó a los “otros” del exterior [los países vecinos] sino también dentro del mismo territorio, despreciando a los sectores subalternos.

Dicho en otras palabras, lo que caracterizó al siglo XIX y al proyecto de construcción del Estado-nación chileno, además del intento centralizador, fue el número reducido de “ciudadanos” sobre quienes cayó la responsabilidad de darle forma al Estado y definir las políticas que permitieran garantizar el bien común.

Descarga el resto del ensayo completo desde aquí:

[PDF] Vicisitudes de la República
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Un ensayo sobre la violencia entorno al proceso de construcción del Estado en Chile.