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Autor: Fabián Gaspar Bustamante Olguín

España y la difícil recuperación de la memoria histórica

España y la difícil recuperación de la memoria histórica

Dejo a continuación un artículo aparecido en el diario La Nación (también puede ser consultado en la internet en esta dirección: http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic…) escrito por Mate Guerra y que habla sobre la dificultad que han tenido las víctimas de la Guerra Civil española y, luego de la dictadura franquista con aquellos que a quienes violaron su dignidad.

Antes de pasar al artículo en sí, quisiera expresar mis gratitudes al dueño del blog, el señor Molina, por permitirme escribir en este sitio.

Por otra parte, todos aquellos que visiten la página y que tienen comentarios y/o ideas que las expresen para que así se enriquezca aún más el espacio.

España y la difícil recuperación de su memoria histórica

En Gobierno logró importante acuerdo para apoyar la iniciativa legal. Pero el principal partido de la oposición se opone al proyecto argumentando que, además de abrir heridas ya cicatrizadas, constituye una maniobra del Ejecutivo a seis meses de las elecciones generales. Es la mayor de las deudas de la democracia española. Tras meses de negociación, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha logrado el apoyo de las fuerzas políticas para sacar adelante la Ley de la Memoria Histórica y recuperar así la dignidad de quienes sufrieron los latigazos de la guerra civil y la dictadura franquista. La derecha se opone bajo el argumento de que la iniciativa abre heridas cicatrizadas pero, principalmente, porque la considera una maniobra electoral a seis meses de los comicios generales, además de una venganza personal del Presidente de Gobierno socialista. Lo concreto es que la Ley de la Memoria Histórica que ya ha pasado al Congreso Pleno podría ser aprobada antes de fines de año. «Muero inocente y perdono, mi credo fue siempre un ansia infinita de paz y el mejoramiento social de los humildes», escribía para sus descendientes, pocas horas antes de ser ejecutado, el capitán Juan Rodríguez Lozano, militar leal a la República, que no se sumó a los sublevados que protagonizaron el golpe militar en 1936. Ese fue el detonante de la Guerra Civil Española que dejó más de 30.000 desaparecidos en tres años de contienda y cuatro décadas de dictadura. Tras la muerte de Francisco Franco, en 1975, las fuerzas políticas que participaron en la transición democrática prefirieron guardar en un amargo olvido lo sucedido a las víctimas. Pero han pasado más de 30 años y la memoria histórica parece reclamar justicia y dignidad para sus muertos, enterrados en agujeros por donde transcurre la vida de uno de los países más influyentes de Europa. Desde el año 2000, alrededor de un centenar de fosas cavadas durante la Guerra Civil y la posterior represión de régimen franquista, han sido abiertas y se ha logrado exhumar los restos de un millar de desaparecidos. A la fecha ya se han cursado más de 5.000 solicitudes para abrir nuevas fosas. Ahora se recuerdan historias teñidas de dolor y olvido, como la de Manuel España Gil de 29 años, que en un cementerio de Sevilla escuchó a sus verdugos falangistas que le perdonaban la vida y le dieron la oportunidad de marcharse, pero corriendo entre tumbas y flores marchitas fue asesinado por la espalda. O el testimonio de un pastor de Badajoz, que observó detrás de un árbol, en septiembre de 1936, a seguidores del golpe militar que asesinaban a 30 hombres y mujeres y quemaban sus cuerpos en una fosa. Con el horror en el rostro, el joven pastor corrió a relatar a su padre lo sucedido y supo, en ese momento, que entre aquellas víctimas estaba su madre. O el deseo de familiares de conocer el destino incierto de miles de brigadistas internacionales. LEY MEMORIA HISTÓRICA En 2006 el Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero lanzó a la discusión nacional una iniciativa legal -con que se había comprometido- para recuperar y hacer justicia. Es la llamada Ley de la Memoria Histórica que esta semana ha logrado el consenso de todas las fuerzas políticas a excepción del mayor partido de la oposición, el Partido Popular (PP) y de Ezquerra Republicana. El partido nacionalista catalán asegura que tal como está estructurado el proyecto, se condenará a las víctimas a un «vía crucis judicial individual». Critican que se omita «toda referencia a la identidad de cuantas personas hubiesen intervenido en los hechos o en las actuaciones jurídicas que dieron lugar a las sanciones». El proyecto, que cuenta con la aprobación de las agrupaciones de familiares de las víctimas, aunque lo califican de «descafeinado», contempla indemnizaciones, establece la ilegitimidad de los tribunales y órganos penales o administrativos que impusieron sanciones por motivos políticos, ideológicos o de creencias religiosas; y se deroga toda la legislación represora del franquismo. Los descendientes en segundo grado (nietos) de los exiliados podrán recuperar la nacionalidad española. Además se prevén medidas para facilitar la localización e identificación de los desaparecidos y se refuerza al Archivo General de la Guerra Civil Española. La derecha ha puesto el grito en el cielo. El PP, que sólo ha aprobado los artículos referidos a la mejora de indemnizaciones ya existentes y la despolitización del Valle de los Caídos, argumenta que este proyecto de ley es una maniobra más de Rodríguez Zapatero a seis meses de las elecciones y una de sus venganzas personales, porque aquel joven militar, el capitán Rodríguez Lozano -sobre el que hace referencia en las primeras líneas de este artículo- era el abuelo materno del actual Presidente de Gobierno.

La ilusión utópica de Bush frente al cambio climático

La ilusión utópica de Bush frente al cambio climático

Diario La Nación Domingo, Santiago de Chile, 14 de octubre 2007.

Merece especial atención el discurso que pronunció el Presidente de Estados Unidos en la conferencia sobre la seguridad energética y el clima que organizó en Washington. Fue la primera vez, desde su elección en 2000, que George W. Bush dedicó una intervención exclusivamente al tema del cambio climático y a exponer su doctrina. Hasta ahora, su posición sobre el tema sólo había estado integrada, de manera breve, en discursos más generales. En esa alocución pronunciada el 28 de septiembre, el actual inquilino de la Casa Blanca reconoció la realidad del cambio climático, refiriéndose al reporte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz, y afirmó la necesidad «de producir menos emisiones de gas con efecto invernadero». Bush propuso que cada país encuentre por sí mismo la forma de reducir esas emisiones, fuera de compromisos internacionales obligatorios.

Pero lo más interesante es la forma en que piensa controlar el volumen de emisiones: no reduciendo el consumo de energía, pues plantea su aumento como inevitable «en este nuevo ciclo, la necesidad de energía no hará más que crecer» , incluso en los países más desarrollados.

El cambio climático no es más que uno de los dos problemas a los que se enfrentará la humanidad, según Bush; el otro es la seguridad energética. «Desde hace muchos años, quienes se preocupan del cambio climático y quienes se inquietan por la seguridad energética estaban en los extremos opuestos del debate. Se decía que hacíamos frente a una elección entre la protección del ambiente y la producción de energía en cantidad suficiente», afirmó Bush. «Ahora sabemos más. Esos dos problemas tienen una solución común: la tecnología. Si desarrollamos nuevas tecnologías, con pocas emisiones, podremos satisfacer la demanda creciente de energía y, al mismo tiempo, reducir la contaminación atmosférica». El Presidente estadounidense enumeró diversas tecnologías en curso de estudio que nos permitirán «ser los gerentes responsables de la Tierra que nos confió el Todopoderoso».

No podría exagerarse la importancia de esa visión, muy representativa tanto de lo que piensa Bush como de la doctrina de buena parte de los defensores de un sistema económico cuyos fundamentos no han cambiado ante el desafío del cambio climático.

El problema, claro, es que no existe la seguridad de su pertinencia. La serie de técnicas que Bush menciona tiene dos características: no son operativas y su éxito no está garantizado. La primera, que suscita también amplio interés en los medios industriales, es la «tecnología avanzada del carbón limpio», que propone enterrar en el subsuelo el gas producido por la combustión del carbón. Pero, por un lado, su eficacia no está comprobada y, por otro, en caso de que funcionara, las primeras centrales térmicas adaptadas a esa tecnología no estarían en el mercado antes de 2020; todas las centrales construidas de aquí a entonces seguirían lanzando sus gases a la atmósfera.

Segunda propuesta: la fuerza nuclear segura. George W. Bush se refiere a lo que los especialistas llaman la cuarta generación de reactores nucleares, con mínimo riesgo de accidentes, baja producción de desechos radiactivos y un diseño que impide que se les dé usos militares. Pero esa cuarta generación, si llega a producirse, no lo haría antes de 2040, según las previsiones más optimistas. En cuanto a aumentar el porcentaje de la energía nuclear con la tecnología actual en el mapa eléctrico mundial, la Agencia Internacional de Energía Atómica no lo cree probable, e incluso prevé, en su informe «Perspectiva energética mundial de 2006», que esa proporción, que ahora es del 16%, se reducirá al 10% en 2030.

¿Serán la solución el viento y el sol, también mencionados por Bush? Ciertamente su contribución y la de otras fuentes de energía renovable, como la madera y la geotermia está llamada a crecer. Pero no en una proporción suficiente para satisfacer la demanda de energía, que no dejará de aumentar, a menos que ocurra un salto tecnológico imprevisible. Las otras tecnologías mencionadas agrocarburantes o vehículos de hidrógeno sufren del mismo grave defecto: en su actual estado de desarrollo no son capaces de responder a los problemas actuales y los que vienen. No es imposible que lo logren, claro, pero a gran escala no será antes de 2040.

El problema del plazo aquí es fundamental. ¿Por qué? Porque el mismo reporte del IPCC mencionado por Bush dice que habrá que empezar a reducir las emisiones ahora, no en 2040 o 2050. Los climatólogos temen que, de seguir aumentando la concentración de gases invernadero, el calentamiento rebasará los dos grados, desatando una alteración incontrolable del sistema climático.

Así, la política de «gerencia responsable» implica aplicar desde hoy el medio más eficaz y desde luego disponible , que consiste en reducir el consumo de energía. Eso no implica poner freno a la búsqueda de nuevas tecnologías, pero obliga a aceptar que se debe transformar el actual modo de vida de los países desarrollados. Eso supone también una modificación de los medios financieros: si bien es útil invertir en tecnologías que podrían estar disponibles en 40 años, no es menos necesario invertir en la mejora de los medios conocidos y eficaces de reducir el consumo energético.

Esa fue la postura que adoptó la Unión Europea en su último Consejo de Jjefes de Estado, cuando se propuso disminuir en 20% la emisión de gases invernadero para 2020. Estados Unidos debe seguir el mismo camino, única forma de convencer a los grandes países emergentes de participar en este esfuerzo colectivo. La tecnología puede hacer mucho, pero no todo, y no puede reemplazar a la voluntad común.

Fuente:

– Kampf, Hervé. «La utopía de Bush ante el cambio climático.» La Nacion.cl. 14 Oct. 2007. 14 Oct. 2007
<http://lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20071013/pags…>

Consideraciones sobre la Historia Social

Consideraciones sobre la Historia Social

Cuando preconcebimos la historia social lo primero que relacionamos es el “bajo el pueblo”, pero no el pueblo entendido como todos los miembros que componen una sociedad sino a una parte de ellos, la más pobre, la de los excluidos. Frente a esto, una observación: 1) Si pensamos en la célebre frase del historiador francés de Annales, Lucien Febrve que toda historia es social, ¿por qué ésta tiene que estar necesariamente simbolizada en el sujeto pobre, marginado frente al sistema? ¿Puede hacer una historia social de las elites, por ejemplo? ¿Por qué no llamar a los historiadores de la elite como sociales, y no culturales? Y es la misma complejidad del término “lo social” lo que nos lleva a que muchas veces la cuestión sobre el objeto del estudio de la historia social no quede clara. Ante esto nos preguntamos, ¿será el mismo concepto de sociedad el que impide que no se tenga una definición clara de lo que es historia social? Tal como se lo interroga Jurgen Kocka, la historia social debe ser considerada como parte de la historiografía, al igual que la historia política o económica, o como la única actualmente legitimable, de la historia general, como una historia de la sociedad.

En el siguiente trabajo se intentará abordar esta y otras consideraciones en torno a la Historia Social, una de las ramas más importantes de la Historiografía mundial en por lo menos los últimos 30 años. Para descargar el trabajo completo, haz clic debajo:

  Consideraciones sobre la Historia social
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Reflexiones sobre esta importante corriente del siglo XX que todavía encuentra ecos en la actualidad.

¿Puede el historiador estudiar su presente?

¿Puede el historiador estudiar su presente?

La historia del presente tiene mucho que contar sobre las sociedades presentes y contribuir al análisis de nuestro tiempo, sin embargo ésta no sólo es interpretación, implica trabajo, fundamentar y es aquí la diferencia con otras disciplinas de las ciencias sociales: para el historiador el problema no son las causas sino las consecuencias. Pues entonces, el presente ensayo tiene como propósito presentar al lector el nuevo campo historiográfico, considerando los elementos que tiene que tener en cuenta el historiador del tiempo presente a la hora de estudiarlo. Ahora partamos de las siguientes interrogantes ¿Puede el historiador ser un ente crítico de su tiempo? ¿Puede el historiador estudiar su presente?

El profesor Julio Aróstegui, uno de los investigadores que más ha aportado al debate (por lo menos en habla hispana) y a la construcción de la historia del presente, deja bien en claro la posibilidad y viabilidad de la historia del presente, con sólidos argumentos, lo cual da la sensación de que acalla a los historiadores más conservadores e intransigentes que niegan cualquier innovación que salga de los parámetros establecidos.

Descarga el ensayo completo aquí:

  ¿Puede el historiador estudiar su presente?
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En torno a las problemáticas de la Historia reciente.

Gobierno peruano aprueba mapa de dominio marítimo

Gobierno peruano aprueba mapa de dominio marítimo

Diario La Nación, Chile. Domingo 12 de agosto 2007

El Ejecutivo peruano aprobó un mapa en el que establece su dominio marítimo en la zona sur, fronteriza con nuestro país, reafirmando su posición respecto a la controversia limítrofe con Chile, según un decreto publicado hoy.

De acuerdo al dispositivo legal publicado en el diario oficial «El Peruano», la carta «grafica el límite exterior-sector sur- del dominio marítimo del Perú trazado de acuerdo con lo dispuesto en los artículos 4 y 5 de la Ley 28621 y el derecho internacional».

La norma señala que la también denominada Ley de Líneas de Base del Dominio Marítimo de Perú, aprobada por ese país en 2005 e inscrita ante la ONU, establece que la anchura del dominio marítimo se mide «hasta las doscientas millas marinas».

Perú defiende que el Tratado de 1929, firmado tras la Guerra del Pacífico (1879- 1883), establece que el denominado Punto de la Concordia identifica los límites terrestres con Chile, pero no la frontera marítima.

Chile utiliza la línea del paralelo para fijar la frontera marítima y argumenta que el límite territorial no está a orillas del mar, sino en el denominado Hito 1, unos 220 metros tierra adentro hacia el nordeste.

En ese contexto, Perú toma como base en el mapa publicado hoy, el denominado Punto de la Concordia para proyectar, en un trazo equidistante, las 200 millas de dominio marítimo.

De concretarse la posición de Perú, que llevará la controversia sobre los límites marítimos a la Corte Internacional de La Haya, Chile pierde unos 45 mil kilómetros de mar frente a la región fronteriza de Tacna.

Enlace a la Noticia.