Cultura, Sociedad, Poder y Derechos Humanos

Por Fernando Ruarte (*)

La UNESCO establece que “la Cultura es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, que caracterizan una sociedad o grupo social. Ello engloba, además de las artes y las letras los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

El termino cultura se ha caracterizado por ser ampliamente difundido en razón de representar grupos homogéneos de pertenencia a cierto sector para reproducirse simbólicamente.

Se creó la idea antropológica de que la cultura estuviese al servicio de la cultura misma, que terminó por convertirá en una idea difusa, amplia y de difícil abordaje, que daba explicación a cualquier cosa que hicieran los humanos.

Se culpó a la cultura de cuanta cosa pasó, se vulgarizó de tal manera el término que se hizo difícil una discusión profunda del concepto. Esto llevó a entender a la cultura como algo estático, determinada, algo que esta y que estaba ahí.

Si por el contrario se entiende a ésta como un fenómeno con dinamismo, como proceso, que determina a las conductas humanas y, como creación humana, se entenderá que es algo que cambia y se construye colectivamente.

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  Cultura, Sociedad, Poder y Derechos Humanos
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Completo ensayo sobre la relación entre éstas variables presentes en la sociedad actual.

(*) Estudiante del I.S.F.D. de Letras e Historia de Chepes, La Rioja, Argentina.

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El historiador frente a los tiempos

Jorge Said [i]

– Pasadas las 1:00 AM. Me encontré detenido frente a la ventana, el humo de un cigarrillo emprendía su danza serpenteante hacia el cielo que sin ningún tipo de misericordia terminaría por absorberlo, increíblemente ese mismo cielo cargado de gris fue testigo de todo el camino que debió recorrer e incluso de cuanto humo se perdió para poder llegar a sus brazos.

Si nos entrábamos en una reflexión acerca de los tiempos, podremos percatarnos de que el tiempo corre la misma suerte del humo (los vemos siendo devorados, aunque este halla tomado otra forma). La eterna naturaleza procesual de la sociedad en si, nos indica que a través del tiempo nada se pierde, aunque paradójicamente los tiempos choquen unos con otros, se mezclen, absorban, retroalimenten y reconfiguren.

Sin lugar a dudas, uno de los primeros historiadores que notaron esta naturaleza procesual en la sociedad y los tiempos fue Fernand Braudel, quien incluso emprendió un intento por delimitar la duración los procesos en relación con sus estructuras (corto, mediana y larga duración). Un aporte de suma importancia para la ciencia social, eso si Braudel subestimó el poder agencial[ii] del sujeto común ya que al centrarse en la duración de las estructuras, se enfoca en algo estático, porque increíblemente estas se mantienen gracias a nosotros, teniendo en cuenta lo que señalo el viejo Marx, somos nosotros quienes hacemos el Estado, por tanto somos nosotros mismos quienes difundimos, legitimamos y aseguramos la duración de estas estructuras que aplican y diseminan su poder sobre nuestras cabezas sin que logremos percatarnos de nada.

Frente a esto Anthony Giddens, señaló que había que dejar de estudiar las estructuras (por su naturaleza estática) y debíamos ocuparnos de la “estructuración”, como nos relacionábamos con las estructuras, como las hacíamos perdurar por sobre los tiempos.Ateniéndonos a la concepción de sociedad como un conjunto de procesos relacionados entre si[iii], nos podremos dar cuenta que la historia no deja de ser el resultado de procesos acumulados en el tiempo, sirviéndonos y entregándonos bosquejos del pasado para la acción presente la cual sin lugar a dudas influirá a corto, mediano o largo plazo en un futuro próximo.

Esto nos enseña que la retroalimentación entre los tiempos existe, la continua interacción del presente para con el pasado y el futuro la podemos ejemplificar hoy con las denominadas “tradiciones[iv]”, mas aun en Latinoamérica en donde aun figuran costumbres impuestas y traídas por el español ( los bailes a la virgen por ejemplo), pero las cuales fueron siendo aprendidas desde aquel entonces por distintas generaciones que inconscientemente las han ido modificando y reconfigurando a sus modos y porque no a su tiempo.

La modernidad, no absorbe tradiciones; convive con ellas, aprende de ellas en una especie de retroalimentación entre ambas, al igual que el tiempo; no debemos caer en el error de muchos historiadores que han olvidado que la historia paradójicamente trata de sujetos históricamente constituidos[v], construcción que sigue llevándose acabo el día de hoy ya que el proceso societal no se detiene, avanza y continua invisible sobre nuestras cabezas.

Intentare hacer útil para ustedes esta breve reflexión estableciendo algunas interrogantes; Como pudimos observar no es tan fácil escaparnos de la debacle de los tiempos, como historiadores seria interesante preguntarnos ¿que debemos estudiar?, ya que si entendemos la naturaleza procesual de la sociedad no nos alejaríamos de lo que ya hace tiempo atrás señalo Benedetto Croce “toda historia es presente”.Bajo esta lógica, el trabajo del historiador no se diferenciara mucho del trabajo sociológico ya que se ocupan del mismo objeto de estudio y contemplando la misma temporalidad ya que un trabajo sociológico que no se remita a experiencias pasadas, no tendrá mayor integridad documental ni teórica ya que negar la naturaleza histórica del hombre y la sociedad, seria volver a los viejos parámetros histológicos de quienes intentaron regir la historia a través de leyes.

¿Continuidad del cambio o cambios que continúan?, ¿Historiar sociologías o sociologizar la historia[vi]?, un debate que hoy se le presenta a los círculos académicos de la ciencia social y que paradójicamente esta abarcando a nuestra generación que como enseñanza del pasado mismo, debimos aprender a entablar una reflexión critica frente a lo que vivimos, vemos y creemos, por ende -como decía Popper- hasta ahora todo es refutable

[i] Estudiante de la carrera “Licenciatura en historia”, universidad bolivariana sede Iquique.

Cto: nupa_punx (arroba) hotmail.com

[ii] Sobre la teoría de la agencia ver; Weber, Ritzel, Sztompka, Giddens.

[iii] Piort Sztompka; Sociologia del cambio social (2003).

[iv] Hobsbawnd, Ranger; La invencion de la tradición (2002).

[v] En el caso chileno, nos es mas fácil observar esta errónea fijación en los historiadores regionales, de los cuales muchos han llegado a aseverar como la modernidad absorbe experiencias que del tiempo se ha aprendido.

[vi] Frente a esto es recomendable revisar:

Arostegui, Julio ; “la historia del tiempo presente o del acceso historico a las realidades sociales actuales ”(1989), Chesneaux, Jean ¿hacemos tabla raza del pasado? Aproposito de la historia y los historiadores.

O también:

Bustamante Fabian; ¿puede el historiador estudiar su presente?

La idea de sociología en Comte.

La denominada “ciencia de la sociedad” aparece bajo el alero de Aguste Comte el cual entre otras cosas intenta validar esta disciplina como una ciencia positiva, en una época en que el positivismo estaba en pleno auge, donde la misión primordial de las ciencias era distanciar el conocimiento de las verdades inapelables planteadas por la fe religiosa y de las incongruentes especulaciones de la metafísica, por tanto la sociología se erige a imagen de las ciencias naturales y matemáticas las cuales presentaban una rigurosidad metodologica atractiva para quien quería construir conocimiento objetivo.

Comte defendía la idea de reconocer las leyes naturales que poseían el carácter de inalterables, pero lo que le importaba a su sociología era: la “exactitud rigurosa de la comprobación y no una verdad absoluta o sociedad justa”[1].

Lo propuesto por Comte era entre otras cosas levantar una disciplina que se adhiriera a los cánones de la ciencia, que se preocupara de configurar una comprobación metodologica aceptable por la comunidad científica, a esto se debió una sobre valoración del método comparativo que culmino plasmando los dictámenes de la naturaleza sobre el comportamiento social; lo cual se traduce en una ciencia social que olvido por completo desde un principio que en el “mundo social” existían ideas y voluntades, por tanto remitir el comportamiento humano a leyes estrictas era suprimir la humanidad del sujeto social (entendiendo que el cambio de comportamiento y opciones es algo natural del ser humano, lo que muestra a vista de todos que la teoría no siempre se refleja la practica).

El incondicional apego de la sociología a la naturalidad de las ciencias, influyo en que Comte también se avocara a delimitar el objeto de estudio de la sociología; estudiar los comportamientos del hombre en sociedad, pero en ningún caso indagar en proponer una sociedad mejor a través de los resultados del estudio social, ya que “no existe influencia perturbadora que pueda en el mundo político y real, alterar de alguna manera las verdaderas leyes naturales del desarrollo de la humanidad”[2].

Entonces la sociología según Comte era una sociología natural o física social, que se ahogaría en lo negativo de una ciencia positiva; remitir el avance de una ciencia en datos incuestionables y leyes irrevocables -como señala Adorno- era sin duda alguna volver irracional una ciencia social, generando esa extraña relación positivista con todo lo que existe: o es bueno o es malo, es causa o consecuencia; al fin y al cabo bajo esta perspectiva positivista todo se transformaría en un registro de meros datos.

A simple vista la sociología había despertado con el pie izquierdo, de cierta manera lo que se plantea es que es reconocible en primera instancia el aporte de la sociología positivista la cual logra derribar las verdades eclesiásticas y metafísicas pero paradójicamente las suplantó por otra verdad inconmovible: una verdad natural que apuntaba a comprender y aceptar .

Vale decir que sin estas ideas sobre la sociología, la critica no hubiera aparecido en escena y es que ante un saber aberrante y doctrinario, era lógico que apareciera la critica la cual indagaría en la valides de estas leyes, transgrediéndolas, destruyéndolas; decontruyendolas (como decía Derrida), preguntándoles que tan legitimas eran; en otra palabras sin la critica, la sociología y toda ciencia social tendría un dejo de irracionalidad -como señala Adorno- ya que se propugnaba suplantar una verdad por otra, negando la dialéctica como forma de generar conocimiento.

Por ultimo y ante esto, me surge la interrogante ¿Qué tan científico es el positivismo o una “ciencia positiva”?, si al parecer aquella ciencia que se remite a lo “verdadero” deja de ser ciencia al momento de aceptar una verdad convertida en ley de la cual nada ni nadie se puede abstraer, acaso ¿fueron la duda, la razón y la critica en si, enemigos de la ciencia?, ¿es ciencia aceptar lo que se dice sin engendrar cuestionamientos?, frente a esto ya no se que tan científico resulta ser el trabajo científico, por que para algunos es ciencia aceptar, mientras que para otros ciencia es comprender y comprender implica mucho mas que aceptar, porque antes de comprender o aprehender se debe criticar; ya que lo que no dijo Comte fue que al dato algo había que hacerle preguntas, en otras palabras incluirlo a una problematica, solo así el científico dejaría de ver y reproducir hechos, para comenzar a entender y analizar los procesos que hacen de la vida del hombre algo tan complejo que necesitaría de una ciencia que los comprendiera, entendiera y posteriormente los explicara, en pos de un conocimiento dinámico que no se ahogaría en la irracionalidad de los métodos y que engendrarían un cúmulo de estudios posteriores encargados de configurar un proceso dialéctico del conocimiento, pues lo que se dice hoy, mañana puede ser fácilmente refutado . iniciarcorreo.es/

[1] Aguste Comte citado en “La idea de sociología”; Theodor Adorno, Max Horkheimer, 1966, Pág. 13.

[2] Ibíd.