El paradigma del Progreso

La actividad intelectual de mediados del siglo XIX apareció a simple vista como revolucionaria, pero en realidad era un conjunto de prácticas y hallazgos que servían para difundir ideas de una sociedad burguesa orgullosa de sus logros anteriores y en busca de los próximos.

En vez de revolución, la ciencia del siglo XIX se caracterizó por un paradigma del progreso. Este concepto refiere al mejoramiento de algo que tuvo un inicio y va en camino hacia una perfección. El que mejor supo ilustrar este sendero en su época fue Augusto Comte, al establecer tres estadios para el progreso en una sociedad:

Teológico: El hombre en sociedad explica su situación y entorno por medio de una voluntad divina o superior a él.
Metafísico: El hombre en sociedad reconoce la existencia de procesos internos que no puede explicar.
Científico o Positivo: El hombre en sociedad solo confía en lo que observa en el medio exterior a través de la Ciencia y la objetividad.

Aspecto intelectual Aspecto Material Tipo de unidad social Tipo de orden Sentimiento predominante
Teológica Militar Familia Doméstico Cariño
Metafísica Legalista Estado Colectivo Veneración
Positiva Industrial Especie Universal Benevolencia

Los hombres cultos de la Europa Occidental de la época pensaban que su saber se situaba en el último Estadio: el científico. De hecho, cuando apareció la Psicología, no todos la aceptaron como ciencia, puesto que la filosofía del Positivismo negaba la importancia de los procesos internos del hombre: las conductas que el hombre manifestaba en el mundo exterior eran suficientes para definir su funcionamiento, mientras que los pensamientos del hombre, la personalidad y sus procesos mentales pertenecían al plano metafísico. Además todo lo que se observaba debía hacerse sin emitir juicios de valor, razón por la que se consideraban “objetivos”. Las Ciencias Sociales creadas a fines del siglo XIX, no hablaban de “comprender” al hombre y su entorno, puesto que su objetivo era “explicar” como funcionaba, utilizando el método de las Ciencias Naturales, que era el único que permitía validar cualquier investigación como científica.

Rápidamente, la burguesía adoptó el progreso con sumo agrado y lo convirtió en sinónimo de competencia. Traducido en el ámbito social se puede hablar de un darwinismo social, porque cada persona era “libre” de competir con otra por una determinada actividad en el mercado, con lo cual se justificaba el evidente sistema de desigualdades dominante (que dividía a los que podían competir, de los que no podían), la “superioridad” del hombre blanco europeo sobre otras etnias, y la diferencia de estadios entre las regiones. Lo que no le decían a la gente, era que el hombre se estaba seleccionando a sí mismo eligiendo quienes debían sobrevivir o no, según los intereses de los grupos dominantes del sistema.

Al invertir el burgués en las ciencias, no fue casual que éstas tuvieran un desarrollo asimétrico: La química y la física fueron vitales para el desarrollo industrial preelectrónico al explicar cómo se producían procesos puntuales y prácticos. La filosofía y la historia solo sirvieron para justificar lo que se hacia en ciencia, y la posición política de determinados personajes. En cambio, la matemática fue la ciencia que más debate generó, al plantear modelos revolucionarios para su tiempo (y que no se aprovecharon). La biología no tuvo la repercusión adecuada, debido a que los mayores beneficiados eran los labriegos o médicos. Ni siquiera Marx pudo escapar de este discurso uniforme y positivista, sin embargo, propuso la perspectiva histórica dentro de su conocido análisis del capitalismo. Por lo tanto, la idea del progreso se propagó inclusive dentro de las esferas intelectuales socialistas y anarquistas, mientras continuó siendo una herramienta de dominación de una sociedad burguesa vigilante y controladora.

La religión siguió representando la fuerza de la tradición, muy fuerte en los sectores populares, pero aún presente en hombres de confesa actividad política de derecha o de izquierda. Como contrapartida, un viejo enemigo volvía a presentarse: el anticlericalismo. Éste era una herencia del librepensamiento de las clases aristocráticas, y de los intelectuales académicos, sin embargo siempre estuvo presente en posturas tan antagónicas como el liberalismo y el socialismo que lo incluían dentro de su cuerpo de ideas: uno proclamaba la tolerancia religiosa y el ateísmo voluntario, mientras que el otro directamente suprimía la religión por considerarla un mecanismo más de dominio similar al Estado. Por eso el siglo XIX presenta nuevos ataques contra las iglesias, la aparición de múltiples sectas y religiones alternativas, y la constante defensa de los dogmas ante propuestas científicas que ponían en ridículo al Génesis, reservándolo solo para el plano de la Fe.

El arte también formó parte de este gran movimiento secular: en arquitectura se prefirieron construcciones funcionales y prácticas (solo suntuosas cuando se tenía la inversión como para demostrar la opulencia), la literatura promueve la prosa moderna y las novelas, mientras la música abandona un poco el baile aristocrático para obtener ritmos más legres y entretenidos (abundan las fiestas juveniles y los music halls). El mecenazgo presentó nuevos patrocinadores del arte: los burgueses industriales. Al mismo tiempo, surge una nueva categoría de artista: el bohemio, que es aquel que no recibe patrocinio de nadie. Por su trabajo independiente y móvil fue frecuentemente vinculado al pensamiento anarquista y socialista. La máximas expresiones del progreso también se hacen presentes en el arte mediante el realismo y el naturalismo, traspasaron las fronteras conforme al avance del paradigma progresista.

¿Occidente vs. Oriente?

Desde tiempos remotos compartimos tantas cosas, por lo que uno se termina preguntando ¿Seremos realmente mundos tan distintos? Compartamos algunas reflexiones.

por Mario Molina.
Grand Bourg, Buenos Aires, Argentina.

Tal vez han oído hablar de la famosa teoría del “choque de civilizaciones” de Samuel Huntington(1), publicada en la revista estadounidense Foreign Affairs en 1993, y luego como libro en 1996.Tomando como base las ideas de Arnold Toynbee y Francis Fukuyama, sobre la idea de influencias geopolíticas entre las culturas, del primero, y el “fin de la Historia” que habla del final de la filosofía humana como tendencia hacia un estado de bienestar (suplantado por un orden occidental mundial) del segundo, el autor de aquella teoría hablaba que conforme la Historia avanza los conflictos entre civilizaciones aumentan, entendiendo la “civilización”como una cultura con un conjunto de saberes e ideas más o menos herméticas que difieren de otras (sobre todo en el plano religioso).

Por otro lado, Niall Ferguson profesor de Historia de Harvard, afirma que lo que dice Huntington nos ayuda a comprender muchas noticias donde civilizaciones con un núcleo de valores que se creen distintos entran en pugna: musulmanes protestando contra caricaturas danesas, cristianos nigerianos vs. musulmanes, la tensión entre israelitas y musulmanes, la tensión en Cáucaso, etc. Pero al estar sujeto más a tendencias del plano geopolítico o religioso (ej: Guerra Fría) descuida los conflictos interétnicos, es decir, las relaciones conflictivas entre culturas que se superponen, sobre todo cuando comparten un mismo territorio, o cuando sus condiciones sociales son dispares. En Medio Oriente, la mayoría de los conflictos se dan entre grupos musulmanes: kurdos, árabes, chiitas, sunnitas, turcos, pakistaníes, indonesios, sirios, egipcios, etc. Por eso muchas veces, piensa Niall, lo que se da son “civilizaciones de choque”(2). No conflictos entre Estados-naciones, o naciones, sino entre grupos humanos.

Ahora algunos pensarán: “¡En occidente no pasa eso!”, pero piensen en las realidades de su barrio, en los conflictos que se dan entre grupos humanos que piensan distinto, o que tienen proyectos políticos o sociales distintos. El concepto de democracia difiere y se escriben varias historias distintas: la de los ricos, la de los pobres, la de los que no saben a que lado agradar, y los que se aprovechan de tales divisiones. Piensen en su realidad local… Se van dando cuentan como los conceptos de “Nación” y “Estado” son relativos… (En otra oportunidad hablaré de ellos)

Siguiendo con nuestro razonamiento, ¿No será que no sabemos nada del mundo árabe?(3), si quieren sorprenderse conmigo les propongo hacer un poco de memoria juntos:

a) El choque entre Occidente y Oriente no tuvo lugar en los aspectos culturales: Mucho antes de la globalización estábamos estrechamente unidos. Ejemplos como el floreciente intercambio científico y cultural en Al-Andalus, el intercambio de pensamientos y formas de vida, las alianzas comerciales y tecnológicas, la interpretación árabe de los antiguos griegos, las comunidades del sur de Italia de cristianos y árabes unidos, sobran para describir la ligazón cultural que siempre nos unió.

b) Tres hechos importantes distorsionaron la unión: Las cruzadas, la reconquista cristiana de España, y el Humanismo renacentista. Este último más que los anteriores, significó la creación entre los europeos de un pensamiento etnocentrista: se sentían los verdaderos herederos de Grecia y de Roma (a pesar de que estas dos surgieron como la fusión de varias culturas antiguas distintas), y mediante la religión (y luego por la ley), justificaron esa posición. Los descubrimientos y conquistas de ultramar hicieron lo suyo. Occidente creó un pensamiento de exclusión, del que nosotros somos herederos, porque no nos permite conocer mejor a otras culturas.

c) La Guerra Fría y el terrorismo: Hoy en día el mundo está conmocionado por las múltiples manifestaciones terroristas y fundamentalistas que se van dando en distintas partes del globo. Cruzada y Yihad, o “guerras santas” siempre hubo entre Occidente y Oriente, y surgían de los elementos ortodoxos y dogmáticos que introducían las religiones; de esa manera escondían los intereses económicos, y políticos que verdaderamente tenían. Durante la Guerra Fría (1945-1989) se escondieron esos mismos intereses bajo la tensión ideológica y política entre un mundo bipolar de capitalistas contra comunistas. Surgen Bin Laden, Al Qaeda, Hamas, y muchos grupos fundamentalistas que reclaman territorios para sus nacionalidades en gestación. El terrorismo era un instrumento ideal que Occidente tenía para complicar las cosas en Oriente, y cuando su ideología capitalista triunfó, no pudo parar a los múltiples monstruos que había creado y que se le volvieron en su contra. Recuerden que Bin Laden, trabajó para la inteligencia estadounidense. Asi aprendieron muchas cosas…

Asi que lo que nos separa de los orientales no es nuestra religión, forma de vida, o costumbres; sino esta telaraña política creada hace años que solo beneficia a determinados grupos de poder, mientras que muchas personas (de los dos mundos) odia sin sentido, ni comprende lo que en verdad está pasando, o al menos lo presiente. La tensión en Medio Oriente es solo una excusa para tapar el interés por el petróleo y otros recursos naturales(4). La guerra siempre sirvió bien para eso, pero nunca trajo beneficios totales para nadie.

Ya lo decían Neufre y Quijano, cuando afirmaban que las culturas solo tienen 10% de puras, ya que el intercambio es tan intenso, que hoy se habla de “Culturas Híbridas”. Este tema no es la excepción.

Bibliografía consultada:
(1) ENCIPLOPEDIA LIBRE WIKIPEDIA: Choque de civilizaciones, Wikimedia Foundation Inc., Actualización del 9/01/2006 – 08:54 [http://es.wikipedia.com/wiki/Choque_de_civilizaciones]
(2) FERGUSON, NIALL: Civilizaciones de choque, en LaNacion.com, Buenos Aires, 5/03/2006 [http://www.lanacion.com.ar/785787]
(3) BOSOER, FABIÁN: Los occidentales ignoran casi todo del mundo árabe, en diario “Clarín”, Buenos Aires, sección ZONA, pág. 38-39, 26/09/2004
(4) GOSMAN, ELEONORA: El petróleo es el elemento central de la guerra a Irak, en diario “Clarín”, Buenos Aires, sección Política internacional, pág. 23, 9/09/2002

Cómo citar este artículo:
MOLINA, MARIO: ¿Occidente vs. Oriente?, en Hablemos de Historia, 14/03/2006.[http://hablemosdehistoria.com/archivos/occidente-vs-oriente]