La influencia anarquista en la literatura chilena de 1900 a 1970

Por Sebastián Allende (*)

Desde niño fui un buen lector, eso paliaba mis falencias en otras ramas del conocimiento humano. Como tal, el día de hoy, degusto con presurosidad cualquier texto de Gabriela Mistral, González Vera u Oscar Castro. Más ahora que conozco las militancias anarquistas de los últimos dos, aunque sin obviar que en Gabriela Mistral existe un espíritu pacifista, según mi juicio, de raigambre tolstoiana.

Así, la influencia anarquista en nuestra literatura no es menor, mas sorprende su profundo desconocimiento. Aunque algunos literatos no hayan pasado de fugaces coqueteos con el socialismo libertario, como Víctor Domingo Silva o Carlos Mondaca, otros permanecieron sentados de por vida en la vereda anarquista, como Manuel Rojas o Mauricio Wácquez.

De igual forma, paralelo al sorprendente nexo entre creación literaria y anarquismo en Chile, es igualmente llamativo el desconocimiento de numerosos poetas que han caído, por distintos motivos, en las llanuras del olvido. Gente como Zoilo Escobar, Antonio Bórquez Solar o Manuel Magallanes Moure, son prácticamente desconocidos para las nuevas generaciones, a pesar de la buena pluma con que contaban. En lo que queda del escrito, realizaré un acercamiento general sobre el tema del anarquismo y literatura chilena, de ahí que denominé “apuntes” a este trabajo.

Descarga el resto del trabajo aquí:

  La influencia anarquista en la literatura chilena 1900-1970
» 217,6 KiB - 627 descargas - (Ayuda para éste recurso)
Ensayo que plantea un recorrido sobre los aportes de escritores chilenos al pensamiento libertario.

(*) Profesor de Historia, por la Universidad de las Artes y las Ciencias Sociales (ARCIS), Santiago de Chile.

Post cruzado: Variaciones sobre David Viñas

LITERATURA ARGENTINA Y REALIDAD POLÍTICA: DE SARMIENTO A VIÑAS

Por Carlos Liendro.

Tal vez la gente no sepa que David Viñas fue profesor en nuestra región. Enseñó literatura en Derqui y San Miguel, allá por los 50. Así me respondió cuando le pregunté una vez en el bar de Losada por la avenida Corrientes. Canoso, bigotes mostacho, una camisa negra y esa voz áspera y portentosa como sus ideas. Creador de la revista ‘Contorno’, autor prolífico de novelas, de obras de teatro y ensayos, que sirvieron y servirán para muchas generaciones que quieran comprender nuestro país. Ese fue su gran aporte como investigador a la realidad política y literaria.

No hubo suplemento de literatura que no lo haya recordado. Su fallecimiento fue el jueves 10 de marzo a los 83 años. Ejerció como docente universitario en Filosofía y Letras -UBA y docente invitado en California, México, Dinamarca, Venezuela, Roma, Berlín. Irreverente, provocador, de esos que se necesitan para sacar la modorra complaciente en la que caen los académicos, reproduciendo la ideología del status quo en las nuevas generaciones.

Sus hijos fueron secuestrados y desaparecidos en la última dictadura militar y como pocos intelectuales argentinos tuvo luego una actitud coherente cuando recibió la beca Guggenheim: “Fue un homenaje a mis hijos. Me costó veinticinco mil dólares”. No la aceptó.

De sus novelas son conocidas ‘Los dueños de la tierra’, ‘Un Dios cotidiano’ , ‘Dar la cara’ que fue llevada al cine; Sus obras de dramaturgia son: ‘Dorrego’, ‘Lisandro’, ‘Tupac Amaru’ entre otras y de los ensayos citamos: ‘Literatura argentina y realidad política: De Sarmiento a Cortázar’, ‘De los montoneros a los anarquistas’, ‘Literatura argentina y política: De los jacobinos porteños a la bohemia anarquista’; ‘De Sarmiento a Dios: Viajeros argentinos a USA’.

Fue candidato a intendente por la ciudad de Bs As (y en esto se parece a Noman Mailer, aparte de su vitalidad y vehemencia) en la época del menemato. Es conocida la anécdota de aquel acto donde mencionó a Evita como orador entre quienes lo postulaban (partido comunista y el trotkismo morenista), generando una trifulca en sus futuros votantes. Sucedió que él había sido quien llevó la urna a Eva Perón para que votara en donde estaba internada por cáncer. Había visto a quienes esperaban afuera rezando, como un relato de Tolstoi. Sabía escuchar la voz de la calle.

Por 1981, la revista creada por Jean-Paul Sartre- ‘Les temps moderns’- realizó un numero dedicado a la Argentina: ‘Argentina entre populismo y militarismo’. Escribió un artículo: ‘Borges y Peron’ :

“Sus diferencias son conocidas. Por eso mismo yo quería destacar sus parecidos; en sus escritos creo que podría encontrase, en principio, una misma exclusión de la historia, que se manifiesta mediante la negación de la lucha de clases en Perón y en una literatura analgésica en Borges”.

Sus estudios de la literatura argentina eran Sarmiento, Mansilla, Macedonio Fernández, Lugones, Arlt, Guiraldes, Martinez Estrada, Mallea, Walsh; con todos ellos conversaba y polemizaba. Ante tanto ‘intelectual orgánico’ que sigue recibiendo subsidios mediáticos, y de los otros, del Estado, David Viñas continuaba afirmando “que un intelectual nunca puede ser oficialista”.

El Hormiguero

Cuento “El Hormiguero”

por Ignacio Crifasi y Mario Molina.

Hace poco con Ignacio, tuvimos que preparar un plan de clase totalmente funcional para alumnos de octavo año de ESB (13 a 15 años de edad), como consigna del espacio de la práctica docente. El tema era “Revoluciones Liberales-Burguesas”, y la verdad que el asunto era muy amplio, y solo estaba pensado para aplicarse a dos horas reloj. Entonces preferimos utilizar la clase para explicar el concepto de “revolución” y la búsqueda de cambios que implica, asi como comparar las concepciones ideológicas y económicas entre una monarquía absoluta y una burguesía liberal que se estaba consolidando, principalmente en el ejemplo de Francia.Nos pareció que una buena manera de empezar la clase era por medio de un cuento corto. Así que nos pusimos las pilas y así nació “El Hormiguero”:

“Había una vez, una comunidad de hormigas negras. Dentro de ella se encontraban las hormigas trabajadoras que recolectaban los alimentos para toda la comunidad. Había otras que se dedicaban a proteger la comunidad, y un sector reducido que se encargaba de organizar el trabajo de las primeras. Este sector estaba compuesto por la hormiga Reina, y la pequeña nobleza, y juntos aseguraban la descendencia de nuevas hormigas. Pero a cambio, las hormigas trabajadoras debían alimentarlas sin cuestionar nada. También había un sector más o menos importante de hormigas que comerciaban lo producido con otras comunidades y colonias, además de prestar recursos a la nobleza a cambio de otras cosas. Estas hormigas anhelaban ser parte del círculo de las hormigas que convivían con la Reina, y a la vez, procurar su éxito personal. Sin embargo, el círculo de hormigas notables e incluso la Reina, no las aceptaban, porque se consideraban demasiado especiales a las demás por designio de Dios, por lo que nadie debía criticar su modo de vida o como aplicaba su poder.

Un día, un grupo de humanos pisoteó el hormiguero arruinando las reservas de alimento y ocasionando la muerte de varias hormigas. La clase de notables en vez de ayudarlas les exigió más tributos y pagos. Entonces las hormigas trabajadoras se preguntaban porqué debían mantener dependencia con aquellos que no las tenían en cuenta y ocasionaron algunas revueltas, pero pronto fueron sofocadas por los soldados de las notables. Las hormigas comerciantes encontraron el momento propició para manifestarse en contra de la Reina, puesto que ella había puesto muchas trabas al comercio en dicha etapa caótica de hambre y corrupción. El plan de las hormigas comerciantes era, en definitiva, adueñarse del poder no solo porque lo creían justo, sino también para tener más prestigio, riqueza y manejar libremente sus negocios. Empezaron a planear una revolución…”

Nosotros queríamos relacionar los actores que van apareciendo en el cuento (hormigas nobles, burguesas, y trabajadoras), con los distintos grupos humanos que aparecen en la revolución francesa, mediante su forma de pensar y los motivos para generar cambios en la sociedad. Sin dudas las revoluciones liberales no ampararon a todos los actores sociales, sino a aquellos sectores con pensamiento liberal que buscaban cambios económicos y políticos que beneficiaran sus negocios y sus aspiraciones de poder, pues los medios de producción ya eran de ellos. Solo faltaba acceder al poder político, o al menos, dominar la opinión pública. Sin embargo, esa fue una búsqueda necesariamente larga y lenta…

Otros sectores con pensamiento más arraigado al pasado feudal (como los campesinos) se conformaban con solucionar los problemas inmediatos (hambre, miseria, y enfermedades), pero no constituían una clase, un grupo con sentido de pertenencia a un nivel más allá que el ámbito de la aldea. Algo así pasaba con los obreros y artesanos, que más tarde en los movimientos de 1848, aparecieron como “proletariado”. Sin embargo, les pasaba algo parecido a los campesinos: debían unirse, pero les costaba, por eso no podían organizar una buena propuesta política de cambio.