La Memoria sin memoria

Por Fernando Ruarte (*)

A partir de la década del ’80, con la recuperación de la democracia, en buena parte de los países del cono sur, comenzó un proceso de construcción de memoria social vinculado a las experiencias vividas durante el terrorismo de Estado.

En el caso argentino, la memoria testimonial tuvo un peso muy fuerte en ese proceso. Los testigos, representados como “víctimas”, fueron los transmisores de la experiencia sufrida durante los años de desaparición, secuestro, asesinato y apropiación de niños.

Beatriz Sarlo señala que el pasado, en tanto tiempo conflictivo, no siempre se presenta como liberador del recuerdo, sino que implica acciones que, invariablemente, adquieren distintas direcciones y que éstas, están condicionadas por el tiempo en el que actúan, que es siempre el presente. Porque tal como dice Giles Deleuze el presente es el tiempo propio del recuerdo. Es decir: siempre que se reclame el ejercicio de la memoria, esta actuará en función de las situaciones del contexto desde el cual se la invoca.

El siglo XX estuvo marcado por muchas muertes: la de la historia, la del sujeto, la de los testimonios. Pero todos estos cadáveres han tenido, aunque en distinto grado, su resurrección. ¿Esta muerta la memoria como proceso de transmisión de la historia? ¿Está muerto el sujeto como portador de la transmisión? ¿Están muertos los testimonios como dadores de sentido? Me interesa pensar estas preguntas desde un tiempo y desde un territorio, Chepes, mi ciudad, ubicada en la provincia de La Rioja.

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  Memoria sin Memoria
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Un trabajo de Fernando Ruarte acerca de la cuestión de la Memoria en Chepes, La Rioja, Argentina.

(*) Estudiante del Profesorado de Historia del ISFD de Chepes, La Rioja, Argentina.