Politizar lo imperativo o restaurar los estudios; problemática de hacer Historia hoy

¿Qué historia para el siglo XXI?, se preguntaba el conocido historiador español Josep Fontana, como es sabido por los amantes de la historia y la ciencia social, Latinoamérica siempre tuvo sus estudios pendiendo de un hilo; desde hace mas de 500 años los estudios latinoamericanos han sido vistos desde otro ojos, de una mirada externa que en un principio buscó reyes, emperadores e imperios, los cuales acá dificilmente habían.

Desde aquel entonces, las teorías aplicadas al estudio social latinoamericano, han sido extrapoladas desde otros lugares, situación que puede ser eficazmente como un secuestro (la historia es nuestra, pero al verla con ojos externos, se la regalamos a otros).

Por otra parte, el academicismo defensor y el opositor, se entrabaron en una pugna de nunca acabar, en donde las enmiendas teóricas son disfrazadas bajo mascaras políticas que en nada ayudan a la idea base de la ciencia humana: difundir el conocimiento.

¿O seguir acalorando los debates a la europea o retomar el estudio social en nuestras manos y repensar la historia desde una perspectiva nuestra? ¿Politizar lo imperativo o restaurar los estudios?

En el siguiente ensayo se busca retratar la problemática a la cual nos enfrentamos como historiadores “hoy”; enfocándonos en una convergente bastante interesante que se teje entre tres factores claves, para historiar Latinoamérica en el siglo XXI; las imputaciones teóricas, el academicismo y por último las personas; las que al fin y al cabo son para quien nosotros trabajamos.

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Ensayo sobre hacer y enseñar Historia hoy.

La “Historia desde abajo” para Eric Hobsbawm

Este es un breve resumen sobre la “historia desde abajo”, que aparece en el libro “Sobre la Historia” (2002), del historiador británico Eric Hobsbawm. El resumen, que verán a continuación, no tiene otra intención de compartir con los bloggeros “historiantes”, la particular visión de este historiador, que vale la pena leerlo. Saludos para todos, desde Santiago de Chile.

A modo de introducción señalaremos que los nuevos referentes problemáticos son constantemente convertidos en objetos de reflexión histórica, y esto no es simplemente resultado de la forma en que los historiadores “se dan cuenta” de aquellos problemas que siempre estuvieron ahí, esperando ser estudiado, sino que éstas son el correlato de distintos tipos de transformaciones sociales.

El reciente interés por hacer historia de distintos grupos particulares, no puede ser entendida sin repasar en la serie de procesos que han hecho posible y aún más deseable el que las distintas agrupaciones sociales expresen y configuren su historia como fuente de información y proveedora de datos que en el pasado ignora que ella no se ocupa de su estudio y la representación de algo que de pronto “aparece”, sino que un claro poder de objetivización frente a determinados ámbitos temáticos.

El conocimiento histórico no es entonces un simple vehículo para representar “el pasado”, sino que resulta constitutivo de esa idea de pasado. Al respecto, resulta pertinente resaltar dos dinámicas: en primer lugar, la emergencia de nuevas problemáticas en la producción historiográfica; y en segundo lugar, la apelación en ciertos procesos políticos.

Sobre lo primero, puede recogerse la discusión que Eric Hobsbawm realiza en el capítulo sobre la historia desde abajo. El autor recuerda que sólo se puede hacer historia desde abajo, desde el momento en que empieza a preocuparnos lo que la “gente corriente” hace frente a ciertas decisiones o determinados acontecimientos. En palabras de Hobsbawm: “(…) sólo a partir del momento en que la gente corriente se convierte en un factor constante en la toma de grandes decisiones y en tales acontecimientos. No sólo en momentos de excepcional movilización popular como, por ejemplo, las revoluciones, sino en todo momento o durante la mayor parte del tiempo. (p. 206)”.  La historia de la gente corriente como capo de estudio especializado empieza con la historia de los movimientos de masas del siglo XVIII. Hobsbawm supone que es el historiador Jules Michelet es el primero de los grandes historiadores de los que abajo: la Gran Revolución francesa es el núcleo de su obra.

En cuanto al tema de las fuentes, la historia de los de abajo, a diferencia de la historia positivista, no posee un conjunto de material relativo a ella. “La mayoría de las fuentes correspondientes a la historia de los de abajo sólo han sido reconocidas como tales fuentes porque alguien ha hecho una pregunta y luego se ha puesto a buscar desesperadamente la manera de responder a ella (p.208).” Pero también existen excepciones como los historiadores que estudian la Revolución Francesa. Plantea Hobsbawm que tienen muchas fuentes en la que constituye la génesis de una historia moderna de las bases debido a dos características principales: por tratarse de una gran revolución en la que actuaron numerosas personas y la segunda, por el trabajo de la burocracia que recopiló y guardó en los archivos nacionales toda esa información, lo cual fue beneficioso para los historiadores franceses.

Siguiendo con la idea de Hobsbawm, afirma que hay algunos tipos de material relativo a la gente corriente todavía no ha sido un estímulo suficiente para pensar en la correspondiente metodología. Aquí sale a la palestra la historia oral que si bien los recuerdos pueden parecer los bastante interesantes, en palabras del historiador inglés nunca se hará un uso apropiado de la historia oral hasta que se determine qué es lo que puede fallar en el recuerdo, del mismo modo que se determina cuando algo sale mal al momento de copiar manuscritos a mano. Con esto, Eric Hobsbawm nos plantea es que la historia oral es un medio poco fiable  de preservar los hechos. Más, afirma: “la metodología de la historia oral no es sólo importante para comprobar si los recuerdos de ancianas y ancianos grabadas en cintas son dignas de confianza (p.210).” Recomienda que con los testimonios de lo grabado en cinta se hagan experimentos para investigar lo que la gente realmente pensaba o hacía.

El historiador “de abajo” encuentra sólo lo que busca y no lo que le está esperando. En este sentido, el historiador debe saber qué es lo que busca y sólo si sabe, puede reconocer si lo que encuentra encaja con su hipótesis o no; y si no encaja tiene que pensar en otro modelo que se construye sobre la base del saber, la experiencia lo que permite eliminar hipótesis inútiles. Se necesita también imaginación y saber sobre el pasado con el fin de evitar el anacronismo. Todo esto para construir y reconstruir un sistema coherente en el que pueda inferirse los supuestos y parámetros sociales y las tareas de la situación.

Para Hobsbawm el objetivo de la historia “desde abajo” no es sólo descubrir el pasado sino explicarlo y proporcionar un vínculo con el presente ya que el proceso de comprenderlo tiene mucho en común con el proceso de comprender el pasado, aparte de que comprender cómo el pasado se ha convertido en el presente nos ayuda a comprender éste, y es de suponer que algo del futuro. Buena parte del comportamiento de gente de todas las clases sociales de hoy es, de hecho, tan desconocido y poco documentado como gran parte de la vida de la gente corriente del pasado.

Los historiadores de “los de abajo” dedican gran parte de su tiempo a averiguar cómo funcionan las sociedades y cuándo no funcionan, además de cómo cambian. No pueden dejar de hacerlo, toda vez que su tema, la gente corriente, constituye el grueso de toda sociedad, aunque a veces se tienda a olvidar de que éstos constituyen  un factor importante en la toma de decisiones recientemente, lo cual se convierten en la base de las reivindicaciones de diversos grupos sociales que se traduce en demandas de representación histórica.

   

Web sobre Historia del Tiempo Presente en la Universidad Diego Portales

Recientemente Fabián nos avisa en un comentario sobre la web del Proyecto de Historia del Tiempo Presente que impulsa la cátedra de Taller de Patrimonio de la Universidad Diego Portales, donde actualmente realiza sus estudios. Si bien el proyecto apunta a concentrar esfuerzos para el desarrollo de esta línea historiográfica en Chile, la web tiene una sección de documentos en formato pdf que tranquilamente sirve para todo interesado en conocer de qué va esta disciplina. (Apartado historia del tiempo presente > Definiciones)

A continuación, añado un fragmento de la propuesta, así como la dirección web principal al pie de página. Mucha suerte con el proyecto!:

Este proyecto nace como un obra conjunta de los estudiantes de Licenciatura en historia de la Universidad Diego Portales que cursan la cátedra de Taller de Patrimonio dictada durante el segundo semestre de 2007 por la Dra. Cristina Moyano Barahona. La iniciativa es un intento por generar insumos para la gestión y realización de proyectos en la línea patrimonial mediante la recopilación y levantamiento de información con el objetivo de generar una red virtual o portal informativo sobre las fuentes y centros de documentación destinados al estudio de la Historia del Tiempo Presente, todo esto, a través de la modalidad de trabajo – taller de los estudiantes que optaron por la cátedra.

Esta línea de investigación historiográfica, que ha ido ganando espacio de desarrollo académico en los años 90 y en la primera década del siglo XXI, corresponde a una especialidad disciplinaria que pretende estudiar comprensivamente procesos políticos, sociales, culturales y económicos actuales, cuya coetaneidad existencial es la base aglutinadora de los mismos, tanto en la percepción como en la textualización de la propia investigación.

Web: Historia del Tiempo Presente.

Consideraciones sobre la Historia Social

Cuando preconcebimos la historia social lo primero que relacionamos es el “bajo el pueblo”, pero no el pueblo entendido como todos los miembros que componen una sociedad sino a una parte de ellos, la más pobre, la de los excluidos. Frente a esto, una observación: 1) Si pensamos en la célebre frase del historiador francés de Annales, Lucien Febrve que toda historia es social, ¿por qué ésta tiene que estar necesariamente simbolizada en el sujeto pobre, marginado frente al sistema? ¿Puede hacer una historia social de las elites, por ejemplo? ¿Por qué no llamar a los historiadores de la elite como sociales, y no culturales? Y es la misma complejidad del término “lo social” lo que nos lleva a que muchas veces la cuestión sobre el objeto del estudio de la historia social no quede clara. Ante esto nos preguntamos, ¿será el mismo concepto de sociedad el que impide que no se tenga una definición clara de lo que es historia social? Tal como se lo interroga Jurgen Kocka, la historia social debe ser considerada como parte de la historiografía, al igual que la historia política o económica, o como la única actualmente legitimable, de la historia general, como una historia de la sociedad.

En el siguiente trabajo se intentará abordar esta y otras consideraciones en torno a la Historia Social, una de las ramas más importantes de la Historiografía mundial en por lo menos los últimos 30 años. Para descargar el trabajo completo, haz clic debajo:

  Consideraciones sobre la Historia social
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Reflexiones sobre esta importante corriente del siglo XX que todavía encuentra ecos en la actualidad.

¿Puede el historiador estudiar su presente?

La historia del presente tiene mucho que contar sobre las sociedades presentes y contribuir al análisis de nuestro tiempo, sin embargo ésta no sólo es interpretación, implica trabajo, fundamentar y es aquí la diferencia con otras disciplinas de las ciencias sociales: para el historiador el problema no son las causas sino las consecuencias. Pues entonces, el presente ensayo tiene como propósito presentar al lector el nuevo campo historiográfico, considerando los elementos que tiene que tener en cuenta el historiador del tiempo presente a la hora de estudiarlo. Ahora partamos de las siguientes interrogantes ¿Puede el historiador ser un ente crítico de su tiempo? ¿Puede el historiador estudiar su presente?

El profesor Julio Aróstegui, uno de los investigadores que más ha aportado al debate (por lo menos en habla hispana) y a la construcción de la historia del presente, deja bien en claro la posibilidad y viabilidad de la historia del presente, con sólidos argumentos, lo cual da la sensación de que acalla a los historiadores más conservadores e intransigentes que niegan cualquier innovación que salga de los parámetros establecidos.

Descarga el ensayo completo aquí:

  ¿Puede el historiador estudiar su presente?
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En torno a las problemáticas de la Historia reciente.

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