La historia social desde abajo y su búsqueda de una tradición radical inglesa. La labor de la Escuela Marxista Británica.

La historiografía marxista ha hecho importantes contribuciones a la historia de la clase obrera, de las naciones oprimidas y a la metodología a la historia desde abajo. El principal aspecto característico de esta corriente se ha basado en la tesis del carácter determinado de la historia, bajo el prisma de la lucha de clases, resumida en el choque de una clase dominante y una clase oprimida. Es por tanto teleológica, es decir postula un sentido de la historia hacia un estado final que sería una sociedad sin clases. Además, en
consonancia con los planteamientos de Marx y Engels, su objetivo es también político ya que busca ser un instrumento para llevar la libre conciencia a los oprimidos en su liberación.

De lo anterior, el presente ensayo reflexionará acerca de la historiografía marxista, en su vertiente británica, en especial, de la llamada Escuela Marxista Británica (EMB) que hace referencia a la generación de historiadores quienes, desde la década del treinta, hicieron una crítica y contribución desde sus respectivas investigaciones históricas a la renovación del conocimiento historiográfico presentando como particularidad -a mi juicio- el tratamiento flexible de los conceptos marxistas clásicos reflejado en la subordinación de los aspectos económicos por lo social, político y cultural. Esta renovación teórica generó un valioso aporte al conocimiento histórico, proponiendo otros enfoques -como por ejemplo, la historia “desde abajo”- convirtiéndose, junto a la Escuela de los Anales en Francia, en una de las corrientes más significativas de la historiografía del siglo XX.

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  Escuela Marxista Británica
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Un recorrido por los aportes historiográficos de ésta corriente dentro del marxismo.

Contribuciones al debate sobre la concepción de la Historia en Marx

Por Lucia Feijoo (*)

En la carrera de historia una ausencia notable es la teoría en general y la teoría marxista en particular. La gran mayoría de las materias, esquivan una discusión profunda sobre las bases teóricas indispensables para el quehacer historiográfico. Pero lo más grave es la ausencia total de un estudio acerca de la concepción de la historia en Marx a quien se toma sesgada y fragmentariamente en muchas materias. Esto ayuda a que el “sentido común” que impere esté lleno de prejuicios sobre la teoría marxista a la vez que ésta se asocia, en forma intencionada desde la academia, a un “marxismo” estalinista cuya característica es, entre otras, un marcado mecanicismo y dogmatismo,1 siendo el estalinismo una negación de la teoría marxista. En este mismo sentido se toma al marxismo del siglo XX en bloque sin contemplar las diferentes corrientes y tradiciones que lo integran. Todo esto colabora a que se expulse de las aulas a la teoría marxista y por esta vía se la desplaza en favor de diversas teorías posmodernas y populistas como las de la “otredad” o por visiones liberales de la historia, que no contribuyen en nada a combatir la ideología burguesa que se reproduce en la universidad.

Por el contrario la intención de estas líneas es debatir contra los prejuicios más extendidos sobre el marxismo con el objetivo de poner en primer plano el contenido revolucionario del pensamiento de Marx y su actualidad para pensar los problemas historiográficos en torno a la misma definición de Historia, o la relación que se establece en el sistema social capitalista entre la metrópolis dominante y los países coloniales o semicoloniales.

El resto del trabajo lo puedes bajar desde aquí:

  Marx y la Historia
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Completo trabajo que busca desterrar algunos mitos y acusaciones falsas en contra de Marx que se hacen desde posturas progesistas a pro-capitalistas en el ámbito universitario y social.

(*) Estudiante del último año de la carrera de Historia y docente en Argentina II B por la Universidad Nacional de Buenos Aires. Argentina. Miembro de la agrupación estudiantil En Clave Roja.

Montajes históricos y maquinación política; apuntes para repensar la historia de los sectores populares.

Una de las interrogantes más seguidas que nos hacemos quienes gozamos de leer, sentir, escuchar y escribir la Historia, es ¿como historiar a los sectores populares?, ya que este sector social, ha sido relegado históricamente a ser meros observadores de una historia en proceso.

Las distintas corrientes investigativas, nos sumergen en un debate interesante: lo político frente a lo social, ¿historiar para el poder o historiar para la gente?, hoy existe una cantidad enorme de ensayos, libros y tesis que se aventuraron a historiar para las personas, aunque todas estas posturas, se ven afectadas por lo que la sociología ha llamado la crisis de los meta relatos o las grandes ideas.

¿Como superar esto el día de hoy?, ¿se puede superar?, ¿debemos superarlo?, en fin, podría llenar este resumen de preguntas que me condujeron a escupir este ensayo, porque no es nada mas que eso, un ensayo odioso, de esos que parten con la idea de destruir, no destruir a los débiles como enseña la historia, si no destruir a ellos: los que imperan, los que han creado estos montajes históricos y los mantienen vigentes, esos mismos que al igual que el poder han maquillado políticamente la historia de los sectores populares.

  Montajes y maquinaciones
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Apuntes para pensar la historia de los sectores populares.

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Hugo Pereyra Plasencia, El método de la Historia Política

Por Hugo Pereyra Plasencia (*)

¿Cómo enfrentarse a un tema que se aparece a nuestra vista como un mar de personajes y de fechas? En primer lugar, hay que tener clara la imagen que sobre el particular nos ha transmitido el historiador francés Fernand Braudel: el centro de nuestra atención –el entramado de los acontecimientos políticos– es como la superficie de un océano por debajo de la cual se agitan corrientes gigantescas que son una metáfora de las grandes fuerzas impersonales de la Historia. Entre éstas cabe citar, por ejemplo, en un nivel milenario, factores demográficos, idiomático-culturales y tecnológicos. También, más próximos a los acontecimientos históricos, encontramos elementos, en su mayoría centenarios, como las instituciones políticas de diversa naturaleza, entre las que sobresale su reina: el estado moderno.

He aquí otra idea que nos puede ayudar: los acontecimientos políticos son historia fugaz, mal registrada, y muchas veces no registrada, o con registro perdido (como ocurrió con los mochicas o los nazcas). ¿Dónde radica la diferencia, por un lado, entre un asesinato político o el discurso improvisado de un caudillo y, por otro, un idioma o la tecnología de construir y hacer funcionar molinos y acueductos? Si no hay un periodista, un analista o un simple testigo que las registre, las entidades del primer tipo –los acontecimientos políticos– se desvanecerán en el tiempo. Las entidades del segundo tipo no requieren registro: son estructuras (así las llamaremos) de desgaste lento, tenaces sobrevivientes de plagas, destrucciones, guerras e invasiones, o del simple paso del tiempo. Los contemporáneos raramente hablan de estas estructuras: simplemente las utilizan y las recrean de manera colectiva. A veces conocemos cuáles fueron algunas de las estructuras de un pueblo perdido del pasado –y nos referimos aquí a estructuras físicas– a través del rastro o de las “ruinas” que han llegado hasta el presente. Esto ocurrió con gran parte del saber andino que conocemos hasta nuestros días, reconstruido a partir de aproximaciones arqueológicas. El castellano puede considerarse también como una estructura. En verdad, este idioma es una poderosa herencia espiritual cuyo origen remoto puede rastrearse en la introducción del latín por los romanos en la antigua Hispania.

Lo que hay que tener en claro es que los acontecimientos políticos y las estructuras forman parte de un mismo paquete vital que nosotros abstraemos por razones de comodidad y de análisis. Tenemos que abstraerlos con el objeto de hacer inteligible el pasado. Lo importante es volverlos a integrar en la síntesis que hagamos. Lo ideal es ubicar un acontecimiento político con todo su trasfondo estructural. Aunque se trata de la simplificación de un vasto panorama historiográfico, puede decirse que los grandes maestros del análisis son los franceses. Allí están, para comprobarlo, El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo en la Época de Felipe II, y Civilización Material, Economía y Capitalismo, ambas obras fundamentales del ya citado Braudel, donde la realidad es dividida en niveles –casi disecada– para su mejor observación y estudio. Por otro lado, los maestros de la síntesis y de la narración son probablemente los anglosajones: la secuencia de los acontecimientos políticos aparece siempre fresca e interesante, descrita en toda su complejidad, pero también interpretada y sostenida, a cada paso, por explicaciones estructurales.

También hay que tener presente que las estructuras no sólo tienen un claro rasgo de permanencia, sino mayor fuerza explicativa en el largo plazo. Hay, por ejemplo, una relación entre los movimientos contra la esclavitud realizados en Europa entre los siglos XVIII y XIX (con toda su secuencia de discursos, protestas y otros episodios) y el desarrollo de la industrialización. De muchas formas, la mentalidad cotidiana ha sido acuñada secularmente por la tecnología. La mentalidad también es producto de tradiciones antiquísimas, muchas de las cuales –como las religiones– tienen una fuerza y una resistencia enormes.

Pero tampoco hay que sobrevalorar la observación de las estructuras. Con toda la imperfección que tienen las metáforas y los modelos para expresar la complejidad político-social (integrada por acontecimientos y estructuras), podríamos decir que, si hablamos de un concierto de música, las estructuras serían los intrumentos mismos, en tanto que los acontecimientos políticos estarían representados por la línea melódica. Recurriendo como espacio metafórico al teatro, diríamos que el escenario, la utilería, e incluso la idea de una obra serían las estructuras, mientras que la actuación y, específicamente, el diálogo, representarían los acontecimientos políticos.

Para leer el ensayo completo, puedes bajártelo aquí:

  Método de la Historia política
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Ensayo sobre la perspectiva política en el estudio de la Historia.

(*) Diplomático e historiador peruano por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Referencia al ensayo:

Pereyra Plasencia, Hugo: “El método de la Historia Política”, en Blog de Hugo, 20-03-2008, Consultado el 16-06-2008.
<http://blog.pucp.edu.pe/item/20689>

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